2 sept. 2009

ARAGON CONTEMPORÁNEO: NEOMUDÉJAR

Romanticismo y eclecticismo: el neomudéjarA lo largo del siglo XIX, básicamente durante su primera mi­tad, pervive el mudéjar tardío, especialmente en lugares alejados de los focos culturales. Por ejemplo, se puede citar el palacio emplazado al final del paseo de Villarroya de la Sierra (Comuni­dad de Calatayud).La tradición mudéjar en la construcción, no obstante, se va apa­gando a lo largo del siglo, hasta que a finales del mismo, con el auge de los nacionalismos y el espíritu romántico de retorno a los valores nacionales tradicionales, renace con ímpetu la arqui­tectura mudéjar aragonesa, incorporando las nuevas técnicas constructivas que la Revolución Industrial había originado, espe­cialmente el uso del hierro como elemento resistente.Ricardo Magdalena, arquitecto municipal de Zaragoza y en la vanguardia profesional de la época, inicia el periodo con la cons­trucción del nuevo Matadero de Zaragoza, inaugurado en 1885 tras varios años de obras. La función industrial del mismo no le posibilitó el uso pleno de las invariantes tradicionales de la ar­quitectura mudéjar aragonesa; de todas formas, el uso del ladri­llo junto con la mampostería, la modulación de puertas y venta­nas, así como el cuerpo de ventilación, que al exterior se trata del clásico mirador, le confieren un cierto aire tradicional arago­nés que presagia la orientación posterior de la arquitectura ara­gonesa.Casi simultáneamente con el Matadero, Magdalena proyecta el primer gran edificio neomudéjar, la Facultad de Medicina y Ciencias, situada extramuros junto a la Puerta de Santa Engra­cia. Magdalena recoge en este edificio lo mejor de la arquitec­tura aragonesa del siglo XVI en la composición del mirador de arquetes y en el rafe, y de la pública del siglo XVIII en la com­posición de huecos y espacios interiores.Zaragoza. Colegio de los Escolapios. La iglesia y el edificio adosado a ella corresponden al colegio antiguo del s. XVIII. El resto se construyó en 1917 iniciandose la apertura de la calle del Conde Aranda, con proyecto de M.A. Navarro
La arquitectura neomudéjar alcanza especialmente a la construc­ción de edificios públicos. Los pocos arquitectos que proyectan según la tradición aragonesa han de luchar con su formación académica, muy lejana de estas tradiciones, a diferencia de los arquitectos anteriores al siglo XIX, cuya formación aragonesa facilitaba la composición tradicional de los edificios que pro­yectaban.Miguel Ángel Navarro, hijo del también arquitecto Félix Nava­rro, autor del Mercado Central de Zaragoza, releva a principios de siglo a Magdalena, edificando los Escolapios y los Agustinos de Zaragoza, según la más fiel tradición dieciochesca de cons­trucción de colegios.En los años veinte se construye el edificio de Correos de Zarago­za, el cual, siendo más historicista, incorpora de nuevo la deco­ración con lacerías y paños de sebka; también de esta época son los curiosos graneros de Casa Gros de Bujaraloz, de estilo neo­nazarí. La Academia General Militar de Zaragoza, de 1928, también tiene su fachada principal neomudéjar.La irrupción del racionalismo en Aragón, pionero en España con la construcción del Rincón de Goya (Fernando García Mercadal) en 1928, permite que se introduzcan en los edificios de vivien­das, e incluso públicos -como la Confederación Hidrográfica del Ebro-, algunos elementos tradicionales, especialmente el uso del ladrillo caravista, en contraposición del revoco racionalista.Fuera de Zaragoza, también aparece de forma esporádica este ti­po de arquitectura. Teruel construye su escalinata, el pórtico de la catedral, y algún otro edificio, anunciando su generalización de postguerra.
La postguerraTras la guerra civil tiene lugar una gran expansión de la arqui­tectura contemporánea de tradición mudéjar, como consecuencia de la orientación del nuevo régimen hacia valores tradicionales y por actuación de los hermanos Borobio, magníficos arquitectos que impusieron los invariantes tradicionales mudéjares arago­neses en todas sus obras, ya fuesen edificios públicos o de viviendas.La Feria de Muestras es el primer edificio que se construye en esta etapa. La torre, de ladrillo caravista, está concebida como una abstracción de las torres mudéjares, con un gran cuerpo, bajo, ciego, modulado con casetones y rematado por un paño con ventana. El cuerpo de campanas es sustituido aquí por cuerpo acristalado; el chapitel presenta un cuerpo intermedio, a modo de linterna, también acristalado. La mayor parte del re­cinto ferial es de planta baja, por lo que su tratamiento exterior es semejante al de la torre. Finalmente, sobre el vestíbulo principal se crea un cuerpo cuyo cerramiento exterior es el clásico mirador de arquetes.La ciudad de Teruel, destruida tras largos asedios en la guerra, se reconstruye adoptando la tipología aragonesa en la construc­ción de edificios de viviendas. La plaza y la calle de San Juan, en donde se emplazan los edificios oficiales, junto con las fachadas exteriores del casco antiguo (Glorieta y óvalo), se construyen de nueva fábrica con edificios cuya última planta es un mirador adaptado al uso residencial.También la nueva villa de Belchite, construida de nueva planta tras abandonar el antiguo caserío, se levanta rematando todos los edificios públicos de la plaza con un mirador, llegando al extremo de realizar el campanario de la iglesia, de planta octogonal, con aspecto de alminar otomano.En Zaragoza, los hermanos Borobio, José Beltrán y otros, irrumpen con la tipología mudéjar aragonesa, especialmente en las grandes intervenciones del casco antiguo: la plaza del Pilar y la calle San Vicente de Paúl. Además de estos grandes conjuntos, puntualmente se salpica la ciudad de edificios de estas caracterís­ticas, especialmente en la calle Conde de Aranda, ensanche de Santa Engracia, plaza San Francisco y Gran Vía. El nuevo Ayuntamiento, entre el Pilar y la Lonja, quizás sea la obra más representativa de esta época.Huesca, que había construido la Delegación de Hacienda en la plaza de Navarra según tipología aragonesa, prosigue usando la misma en el Ensanche, presidido por el edificio de la Diputación Provincial.Otros edificios públicos, especialmente colegios de religiosos, emplean predominantemente la estética mudéjar en sus edificios. Los Agustinos (Navarro), La Enseñanza, Escolapias, La Salle, etc.

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