2 sept. 2009

LA ARQUITECTURA CIVIL MUDÉJAR EN EL BARROCO

Tras la expulsión de los moriscos en 1610, la arquitectura mudé­jar, profundamente arraigada en el pueblo aragonés, no sólo no desaparece, sino que se extiende a la totalidad del territorio ara­gonés, superando en ocasiones esporádicas sus fronteras en el norte de Navarra, Castilla, Valencia y Cataluña. Varias novedades se introducen en esta época: cambia el aparejo de ladrillo, disponiéndose a partir de entonces a tizón, se extien­de el uso del rafe de ladrillo aplantillado, las lunas desaparecen paulatinamente dando paso, en los grandes palacios, a las esca­leras imperiales, el balcón sustituye a la ventana, abriendo la casa a la calle, se da más importancia a la escena urbana de la edificación, etc.
Cronología
(SS. XVII y XVIII)
Estructura funcional
La principal transformación que se opera en la casa mudéjar en esta época consiste en el cambio de su anterior introvertida es­tructura islámica en una nueva occidental, abierta al exterior. Para ello se suprime la luna, dejando de ser ésta el foco de la ca­sa, y por otro lado en el exterior se sustituyen las ventanas por balcones, incorporando la casa a la vida urbana de la calle.El interior se ordena, en los grandes palacios, en torno a una monumental escalera cubierta por una cúpula con linterna, aun­que a veces se trata de una escalera imperial. En ocasiones pervi­ve la luna como en la época anterior, pero, en cambio, cuando existe jardín posterior, éste adquiere un gran protagonismo y se hace más común, debiendo, por tanto, solucionarse la composi­ción de la fachada al mismo con similar esmero que la fachada a la calle. En algunos casos se trata de la adaptación de palacios preexistentes a los nuevos gustos, como el palacio de Fuenclara de Zaragoza, o el de Villahermosa de Pedrola. Las casas construidas durante el renacimiento y el gótico trans­forman de manera generalizada sus ventanas en balcones, siendo difícil hallar en la actualidad edificios de esa época que conser­ven sus ventanas originales.ConstrucciónEn cuanto a los elementos constructivos de esta época, no se aprecian cambios sustanciales respecto al periodo anterior. El ladrillo acentúa su preponderancia como material, cambiando su aparejo a tizón; se hace más raro el uso del tapial que, cuan­do aparece, va destinado a fachadas no principales. Desaparecen las fachadas con planta de piedra. Por otro lado, se extiende el uso de muros ejecutados con aparejo concertado.
Zaragoza. Casa Argillo (actual museo Pablo Gargallo)
Características formales
FACHADA
Las fachadas prosiguen, en general, con las mismas caracterís­ticas formales que en el periodo anterior, con las siguientes dife­rencias.En primer lugar desaparecen los motivos ornamentales a base de frisos de esquinillas y otros de origen medieval. La puerta de la casa suele ir acompañada de una portada, comúnmente de pie­dra, aunque a veces es sustituida por otra de ladrillo aplantilla­do, lucido y esgrafiado, formando grandes dovelas dentadas. La planta noble se transforma, adquiriendo un aire más abierto y dinámico gracias a los grandes balcones, cuyos dinteles, muy aparatosos, suelen ser peraltados, con un arco plano en su parte inferior y otro curvo con dovelas salientes en la superior. A veces son simples arcos planos, con dovelas crecientes en su parte cen­tral, algunas de ellas de ladrillo aplantillado, sobresaliendo de las demás.El mirador, inicialmente, conserva su anterior aspecto, si bien con un carácter más dinámico al cambiar sus proporciones, como en Casa Argillo de Zaragoza, cuyos arquetes son más alargados, o bien al añadírseles una tercera rosca.A veces, la rosca exterior es arquitrabada a modo de alfiz y la in­terior curva, como en los edificios jesuíticos; ya más tardíamen­te, el mirador se convierte en una sucesión de pilastras de doble rosca, cuyos dinteles son de madera, a veces enlucida. El rafe se diversifica, generalizándose el de ladrillo aplantillado más o menos volado. Las casas populares adoptan el rafe de ma­dera, muy volado, con sencillos canetes. Otras veces pervive el rafe medieval de ladrillo y teja. El palacio de Morata de Jalón, en cambio, adopta el rafe de yeso muy decorado, dando paso a otra tipología muy extendida en esta época, de gran alero de media caña de yeso, en ocasiones con lunetos.

Morata de Jalón (Valdejalón). Palacio de los condes de Morata. Escalera imperial. (foto Anikapi)

INTERIOR
La luna va declinando su preponderancia anterior como princi­pal elemento de la organización interior de la casa. El palacio de Fuenclara de Zaragoza, del siglo XV, es un claro exponente de las transformaciones que se operan en esta época, ya que es reformado en el siglo XVII. En primer lugar, su anti­gua luna seria cambiada por otra al gusto de la época, con cua­tro columnas toscanas en los extremos de su reducido perímetro. Una monumental escalera permite el acceso a la planta noble, cubierta por una gran cúpula que sustituye la linterna por un pinjante. La fachada posterior se transforma, adquiriendo un mayor protagonismo al enfatizarse el uso del jardín.Ya se ha dicho que la escalera imperial aparece en los grandes palacios, como en los de Morata de jalón, Villafranca de Ebro y Pedrola. Las bóvedas con yeserías, semejantes a las de las iglesias contem­poráneas, se usan en los grandes palacios, tanto en las salas no­bles como en escalera, patio y pasillos. Las puertas y huecos en general van provistos de molduras al gusto barroco, acompañando a las ricas carpinterías, que conti­núan con la tradición mudéjar en su traza.


Morata de Jalón (Valdejalón). Palacio de los condes de MorataIzquierda: planta, con la plaza en la parte inferior y el jardín en la posterior; arriba ubicación en el centro del pueblo.Derecha: Parte central de la fachada (foto Anikapi)
Palacios de la alta nobleza. Conjuntos urbanos
A lo largo de los siglos XVII y XVIII se continúa construyendo con edificios de esta tipología, completando actuaciones del si­glo XVI, como en Zaragoza, o creando otros nuevos, como en Alquézar, Mallén o Muniesa. Pero la contribución más impor­tante de este periodo son los grandes conjuntos palaciales que aportan una escenografía urbana muy al gusto barroco, además de otras edificaciones no palaciegas que aportan parecidas nove­dades.Morata de jalón y Villafranca de Ebro son las dos grandes actua­ciones palaciegas antes mencionadas. El primero, con fachada principal en forma de U, está flanqueado por dos torres, una de ellas el campanario de la iglesia, englobada en el conjunto pala­cial aun siendo su fábrica de construcción anterior.En Villafranca, en la Ribera Baja del Ebro, emplazada en la te­rraza superior del valle, justo en el límite de la huerta con el monte, los duques de Villafranca construyeron en el siglo XVII su palacio.La fachada a la plaza ocupa dos de sus lados, uno destinado a al­macenes y graneros y otro a edificación principal, incluida la iglesia de la misma, compuesta de forma unitaria con el resto de la fachada. La parte posterior del edificio principal tiene forma de U., abarcando parte del jardín; está compuesta con igual pres­tancia que la fachada a la plaza. Torretas similares a las de la Lonja adornan los extremos de la fachada al jardín. El interior, presidido por la escalera imperial, presenta sus estancias dispues­tas sucesivamente, sin pasillo, cubiertas por bóvedas con yese­rías, semejantes a las de las iglesias mudéjares contemporáneas. El palacio de los condes de Morata, en Morara de Jalón, forma un gran conjunto, con planta en H, en cuyos extremos se alzan sendas torres, el campanario de la parroquia, y la torre munici­pal del reloj. El palacio propiamente dicho ocupa el fondo del conjunto; consta de semisótano, dos plantas y falsa, esta última con la singularidad de su cerramiento exterior integrado en el gran rafe de yeso con modillones decorados con atlantes y hue­cos en forma de óculos. La portada, coronada por un tímpano encerrado en frontón muy decorado, es de sillares almohadilla­dos; preside la fachada, la cual incorpora una sucesión de pilas­tras de orden clásico. El lado izquierdo de la fachada principal es ocupado por la igle­sia, apareciendo unificado su exterior con el del palacio gracias al rafe. El lado derecho es ocupado por dependencias municipales, con la clásica lonja en su planta baja, hoy tabicada. El interior del palacio está presidido por la monumental escalera imperial que organiza el espacio interior. Las salas principales se cubren de bóvedas con lunetos, decorados mediante frescos con motivos vegetales y heráldicos. El palacio de los duques de Híjar en Épila, aún de corte neoclá­sico, posee características comunes con los otros palacios contem­poráneos en cuanto a su ubicación en el conjunto urbano de la villa. En cuanto a intervenciones globales en los cascos urbanos, se prosigue en la misma línea que el periodo anterior, creándose calles y plazas edificadas según esta tipología. Destacan los conjuntos de Mallén, Muniesa, Ejea y Belchite, este último continuando la tradición de las capillas edificadas sobre calles y puertas de la ciudad, moda que se extendería a toda la región suroriental aragonesa. A veces, cuando se construye un grupo de casas, se advierte por parte del Ayuntamiento que se haga a la «nueva moda», como las casas porticadas de la plaza de la Colegial de Daroca.Finalmente cabría resaltar la transformación del castillo de Alca­ñiz, mediante la construcción de una soberbia fachada de ladri­llo, de dimensiones monumentales, y flanqueada por dos torres, que dado su emplazamiento en la parte más alta y céntrica de la ciudad, se resolvió teniendo en cuenta esas circunstancias.
Ateca (Comunidad de Calatayud): casa de la villa
Edificios públicos
También prosigue en estos momentos la construcción de edifi­cios públicos, aunque con diferente intensidad que en el perio­do anterior.Cesa la construcción de ayuntamientos según la tipología rena­centista, aunque se reforman y amplían los existentes. El más re­presentativo y casi el único de esta época es el de Ateca, de gran desarrollo longitudinal, lo que permite la construcción de un largo pórtico. Su fachada principal es de ladrillo, con rafe tam­bién de ladrillo aplantillado. Las demás fachadas son de tapial concertado con bandas de ladrillo.Chodes (Valdejalón) es un nuevo asentamiento de la época, pro­movido por el señor local, el conde de Aranda. Éste construye el pueblo en torno a una monumental plaza cerrada, de planta octogonal, presidida por el Ayuntamiento y la Iglesia. Maella (Bajo Aragón-Caspe/Baix Aragó-Casp) construye una esbelta torre del reloj apoyándose en una edificación anterior de piedra. En cambio, en esta época se edifica un gran número de ayunta­mientos de piedra, muy alejados de la tipología mudéjar arago­nesa, en todo el sur del país, especialmente en las comarcas de Gúdar, Maestrazgo y Tierra de Montalbán. Daroca construye en la calle Mayor el edificio sede de la Comu­nidad de aldeas de Daroca, si bien se remata sin mirador, como ocurre con algún otro edificio público de la época.

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