2 sept. 2009

El mudéjar civil. Los orígenes

La composición social del Aragón medieval no fue propicia para la construcción de palacios que fuesen de tal calidad arquitectó­nica que hubiesen perdurado hasta nuestros días. Únicamente la casa real y los grandes señores, laicos y religiosos, construyeron palacios que parcialmente han llegado hasta la actualidad. Lógicamente, en origen, la arquitectura civil está estrechamente relacionada con la abundante arquitectura religiosa contemporá­nea, no sólo porque la sociedad evidenciaba los mismos gustos para ambos tipos de construcciones, sino también porque eran los mismos alarifes los que efectuaban ambos tipos de obras.

Aparte del palacio mudéjar de la Aljafería, pocos son los restos de arquitectura civil conservada de los siglos XIV y primera mi­tad del XV, pero muchos de ellos son mudéjares, al menos en las áreas de influencia de Zaragoza, Tarazona, Borja, Calatayud y Daroca. Se pueden citar los edificios siguientes: la Aljafería, la Casa del Deán, y restos de la Diputación General del Reino y Palacio Arzobispal, en Zaragoza; la Zuda, en Tarazona; Casa calle San Bartolomé, 16, en Borja; palacio Luna, en Illueca; casas en la calle Mayor, de Maluenda; Casa Luna, en Daroca; palacio de los Duques de Villahermosa, en Mozota, etc.

No aparece en todos estos edificios una tipología uniforme de la cual se puedan dar características generales; en muchas ocasiones se trata de reformas de edificios preexistentes, generalmente mu­sulmanes, como ocurre en la Aljafería, el Palacio Arzobispal de Zaragoza, la Zuda de Tarazona o el castillo de Mozota. Los ma­teriales también son diversos: piedra ocasionalmente, ladrillo pocas veces, y tapial como material constructivo más común (Maluenda, Borja, Daroca, etc.), revestido de yeso esgrafiado en «opus quadratum». La diversidad de usos y de origen de su fundación determina, así mismo, una gran variedad en la distribución espacial y tamaño. No existe una diferenciación funcional acusada, como se mani­festará, en cambio, a partir de 1450. Grandes salas cubiertas por alfarjes se suceden, a veces sin interrupción. En la Aljafería exis­ten varias lunas, en torno a las cuales se organiza el edificio. En Casa Luna de Daroca aparece únicamente una luna, asimétrica, con arquería a un lado y comunicada con el patio de entrada. En la Casa del Deán de Zaragoza, o en la casa de la calle San Bartolomé, 16, de Borja, no existe luna ni organización espacial aparente. El palacio o castillo de Mozota, a diferencia de los an­teriores, se organiza en torno a una luna que tiene más bien el aspecto de un claustro o patio de armas.
Como norma general, y concluyendo, todas estas edificaciones se caracterizan por lo siguiente: Exterior generalmente revocado, con esgrafiados de opus quadratum.. Tres plantas: baja, noble y falsa. Elementos ornamentales centrados en ventanas, puertas y lu­nas en su caso; son de destacar las yeserías de las ventanas y los dinteles de las puertas. Forjados dispuestos generalmente con alfarjes. Cabe recordar aquí el más importante palacio de este periodo: la sede de la Diputación General del Reino, levantada a principios del siglo XV en la plaza de la Seo (Zaragoza), junto a la puerta de Alcántara. Las vistas de Van der Wingaerde y Velázquez y Mazo dan idea de su magnificencia, mostrando un amplio tejado decorado con tejas vidriadas, un considerable mirador en la planta noble y un rafe muy volado. Destrozado durante la guerra de la Independencia, sus muros se esconden bajo el revestimiento del edificio eclesiástico de la plaza de la Seo, como pudo apreciarse durante las obras de restauración de la fachada norte en los años 80.


El palacio mudéjar de la Aljafería

El palacio de la Aljafería debió de despertar evidentes signos de admiración entre los reyes aragoneses, dada la magnificencia, la sofisticación y el lujo del mismo. Por ello se convirtió en resi­dencia real cuando los reyes se encontraban en Zaragoza. No obstante, y pese a la espléndida traza del palacio islámico, algu­nos monarcas aragoneses dedicaron parte de las rentas reales a acondicionar este palacio como sede real. Desde el siglo XIII al menos, el palacio fue objeto de obras de remodelación que le dieron un aspecto nuevo, pero siempre dentro del aire islámico que lo había creado. Pedro III realizó obras en la segunda mitad del siglo XIII, pero fue Pedro IV quien a mediados del siglo XIV realizó las refor­mas más importantes hasta el momento. Al lado mismo de la entrada principal mandó construir la capilla de San Martín, sin duda sobre restos de otra anterior, quizás una dependencia is­lámica, puesto que en el siglo XII ya existía esta iglesia; la iglesia de San Martín tenía tres naves, ahora reducidas a dos, con tres tramos, con lo que el espacio creado era de planta cuadrada, de salón, con bóvedas de crucería apoyadas en pilares de ladrillo.En el patio de Santa Isabel se levantaron varios arcos de ladrillo, todos ellos lobulados y de gran amplitud de luz, sin duda para completar los dos lados largos del patio que debían estar sin de­corar en época musulmana.

Los Reyes Católicos impulsaron la segunda gran reforma del pa­lacio; construyeron a fines del siglo XV un segundo piso, eleva­do sobre la zona más noble del palacio, al que se accedía me­diante una gran escalera triunfal que todavía se conserva. Este piso superior, que cercenó la parte más alta del palacio musul­mán, se divide en una serie de estancias en torno al magnífico salón del trono, de planta rectangular y con una galería que re­corre toda la zona superior de la sala; en su derredor se constru­yeron varias estancias palaciegas para habitaciones privadas de los monarcas durante su estancia en Zaragoza. En todo este com­plejo del siglo XV destaca sobremanera el salón del trono, y en él el magnífico techo, decorado con casetones y piñas sobredora­das que le dan un aspecto de lujo extraordinario.


La arquitectura mudejar civil aragonesa: Creación de una tipología palacial aragonesa

Hacia 1450 tiene su origen la arquitectura mudéjar palacial aragonesa, es decir, lo que recientemente ha dado en llamarse arquitectura civil aragonesa. Con una acusada personalidad y notablemente diferenciada de la arquitectura de los demás países occidentales (Castilla, norte de Navarra, Cataluña, Francia o Italia), perdura desde mediados del siglo XV hasta el siglo XIX, e incluso hasta la actualidad, por lo que bien puede hablarse de una arquitectura nacional aragonesa. Como elementos formales básicos que la caracterizan, se pueden citar:

  • uso del ladrillo como material básico de construcción y en ocasiones del tapial.. Composición de fachada estructurada en tres cuerpos: plantas baja, principal y falsa.
  • Predominio del macizo sobre el vano, salvo en la falsa que se abre al exterior mediante un mirador.
  • El rafe, muy volado, de madera o ladrillo, enfatiza el forma­lismo del mirador.
  • Interior estructurado en torno a una luna a la que se accede por un patio. La luna desaparece a partir del siglo XVII, sien­do sustituida por una escalera monumental, y en los grandes palacios por pabellones que abren el edificio a unos jardines creados en la parte posterior de los mismos.uez y Mazo dan idea de su magnificencia, mostrando un amplio teja­do decorado con tejas vidriadas, un considerable mirador en la planta noble y un rafe muy volado.

Zaragoza. Casa Fortea. s. XV

LA ARQUITECTURA MUDÉJAR CIVIL EN EL GÓTICO TARDÍO

Tiene su inicio en el siglo XV; el documento más antiguo que atestigua su existencia en un cuadro de 1453, de Juan de Bena­varre, en el que se reproduce un palacio aragonés como fondo de la escena representada. El retablo mayor de la Seo de Zarago­za, también de mediados del XV, muestra una casa con mi­rador.
Los precedentes de sus componentes formales y estructurales (fa­chada coronada por un mirador, rafe muy volado, yeserías en las ventanas, interior estructurado en torno a una luna, alfarjes en techos, etc.) tienen en su mayor parte un origen local: los ele­mentos formales que decoran lunas, ventanas, techumbres y rafes los encontramos en edificios islámicos zagríes, y suponen una evolución de la arquitectura islámica aragonesa continuada por la arquitectura religiosa mudéjar.

El mirador
La característica que más define el carácter singular de estos edificios es la composición del cuerpo superior de la fachada, ejecutada mediante un mirador de arquetes que resuelve brillan­temente la sobriedad de los ciegos muros inferiores por un lado, y por otro la ventilación de la falsa, tan necesaria en el extrema­do clima aragonés.
Su origen se encuentra en la arquitectura islámica aragonesa, tanto en la mudéjar como en la anterior a la conquista cristiana. Arquerías, ya sean ciegas o diáfanas, pueden hallarse en el inte­rior de la Aljafería, decorando la parte superior de muros y fa­chadas: la portada de la mezquita, resuelta en su parte superior con una arquería ciega, y el extremo de una de las paredes de la sala norte, que presenta una arquería diáfana, serían ejemplos de ello; también algunos posibles alminares conservados en la Comunidad de Calatayud muestran cuerpos superiores con ar­querías que recuerdan a los miradores de arquetes.
Las iglesias-fortaleza del siglo XIV resuelven mediante arquerías el cerramiento de los corredores emplazados sobre las capillas la­terales, y lo hacen como elemento formal más que como ele­mento conceptual, ya que desde esas galerías no es posible reali­zar una defensa fácil del edificio. A principios del siglo XV puede fecharse la iglesia de Santa María de Maluenda, y anterior a ésta sería la iglesia de San Juan Bautista de Herrera de los Navarros, ambas mudéjares y con uso sistematizado del mirador como elemento compositivo formal de las mismas. Santa María de Maluenda podría considerarse como precedente directo de esta solución formal aragonesa, ya que en la obra de 1400, del arqui­tecto Musa ºAbd-al-Malik, correspondiente a los dos tramos de los pies de la misma, se aprecian las tipologías de mirador que se generalizarían en la segunda mitad del siglo XV en la arquitectura civil. En la fachada de los pies existen dos pisos de arquetes, ligeramente ojivales, y de una vuelta. En la fachada oriental se conserva otra tipología de mirador, adintelado y con huecos rasgados.


El palacio de los Torrero de Zaragoza, edificado hacia 1500, presenta ambas tipologías de mirador.Zaragoza. Casa Torrero (Colegio de Arquitectos de Aragón). 1508. A la derecha mirador de arquetes de una rosca. A la izquierda mirador adintelado.


Cronología
Desde mediados del siglo XV hasta principios del XVI, pudien­do hacerla coincidir con el decreto de conversión de los moriscos en 1526.

Estructura funcional
Consta de las plantas sótano, baja, principal y falsa; se estructu­ra en torno a la luna. Tardíamente, la planta baja crece en altu­ra, permitiendo la creación de entreplantas. El funcionamiento es el siguiente: bajo un arco de medio punto se entra a un pequeño patio y de éste a la luna, centro del edifi­cio, desde donde tienen acceso todas las estancias de la casa y la escalera. En la planta baja se emplazan las habitaciones de vera­no, capilla cuando la casa es grande, cuadras y cocheras. La planta principal, o primera, es la parte noble de la casa, con todas sus estancias accesibles desde el corredor de la luna, siendo la de mayor importancia la que se dispone a lo largo de la facha­da representativa; esta sala aparece generalmente cubierta por un alfarje. A veces, la capilla se emplaza en esta planta.La falsa, localizada a mayor altura que las casas vecinas, posee cerramiento a la calle y a veces al medianil mejor orientado, eje­cutado con un mirador de arquetes. En raras ocasiones, pervive la costumbre anterior de no existencia de mirador. La falsa, en su concepción aragonesa de planta de grandes dimensiones con cerramiento principal resuelto mediante mirador, es un gran ha­llazgo de los alarifes mudéjares, ya que consiguen aunar la fun­cionalidad de dotar a la casa de una planta destinada a granero, almacen, trastero, estancia de verano y cámara aislante, con aportar al edificio un elemento formal de primera magnitud que en toda la arquitectura occidental queda disimulado en el con­texto de la fachada, mientras que en Aragón pasa a ser el ele­mento básico de la ordenación de la misma.El sótano, que no ocupa necesariamente la misma superficie que las plantas superiores, está constituido en muchas ocasiones por los cilleros de edificios anteriores. Lógicamente, sirve como ele­mento constructivo para lograr un mejor basamento de la casa, muy necesario en ciudades de antigua fundación, como Zarago­za, cuyo terreno firme se encuentra muy profundo. Se usa como desahogo de la casa y como cillero, fresquera y despensa.


Casa del azud de Almozara. T.M. de Zaragoza. De ladrillo y tapial, se construyó en el s. XV, aunque tuvo reformas posteriores, la última en el s. XVIII cuando se enlució la fachada principal y se abrió el balcón. Situada junto al río Jalón en Alagón (Ribera Alta del Ebro), servía para el mantenimiento de la acequia de Almozara desde su nacimiento en este azud hasta su final en la ciudad de Zaragoza junto a La Aljafería. Probablemente se trata de la misma conducción de agua objeto de litigio entre Salduie (Zaragoza) y Alaun (Alagón), descrito en el BRONCE DE CONTREBIA (año 87 AC).

Construcción
En esta época pervive el uso del ladrillo agramilado a soga y ti­zón, usado desde época califal, aunque convive con construccio­nes de tapial, enlucidas y esgrafiadas en opus quadratum, es­pecialmente en la región de Calatayud, donde predomina este último tipo de edificación.Son construcciones muy sólidas, con pequeños huecos -puertas y ventanas-, sólo rotas por el mirador que cierra la falsa. En las edificaciones de ladrillo los cabeceros de las ventanas se resuelven mediante arcos rebajados, quedando preparada la fá­brica para recibir las yeserías que decoran las ventanas. El rafe es muy volado y se usa indistintamente tanto el de ladri­llo y teja como el de madera.Cuando la luna es asimétrica, aparecen brochales como solución constructiva de los voladizos interiores que asientan los corredo­res de la planta noble.Los forjados alcanzan luces de hasta 6 ó 7 m, especialmente en las salas nobles, dimensión posibilitada por su resolución me­diante alfarjes.

Zaragoza. Casa Fuenclara. s. XV (reformada en el s. XVII cuando se le añade la cúpula de la escalera y se convierten las ventanas en balcones)


Características formales
FACHADA
Ya se ha dicho que básicamente responde a dos tipos de acaba­do: ladrillo a soga y tizón alternados, o bien enlucido de yeso esgrafiado en opus quadratum.La puerta se abre mediante arco de medio punto.Las ventanas van siempre provistas de un cerco de yeso que en muchas ocasiones aparece decorado. Otras veces presentan un ar­co con mainel, con yeserías en los trasdoses.En el conjunto mirador-rafe es donde se encuentra la fuerza ex­presiva del edificio, es decir, que la ornamentación se concentra en la parte superior de la fachada, al igual que en los edificios del Magreb y del reino de Granada contemporáneos; es una so­lución formal islámica, lejana de la mesura renacentista florenti­na que compone la fachada de forma equilibrada.A diferencia de lo que ocurrirá a partir del siglo XVI, generali­zación de un solo tipo de mirador de arquetes de dos vueltas, en la tipología inicial coexisten varios tipos: arquetes de una vuelta, mirador de vanos apaisados con dintel de madera apoyado sobre zapatas y finalmente mirador adintelado, con huecos verticales a los que se les superponen yeserías que forman diversos arcos, ya sean mixtilíneos, lobulados, conopiales, etc.El rafe, cuando no es de madera, sigue la tipología anterior a base de hiladas de ladrillo a soga o en esquinillas alternadas con hiladas de tejas. Si es de madera, descansa sobre ménsulas deco­radas con motivos vegetales que arrancan de los machones del mirador, colocándose en el extremo de aquéllas una jácena que sirve a su vez de base a un segundo piso de ménsulas sobre las que apoyan pequeños y largos canetes.

INTERIOR
El formalismo del interior de la casa se concentra en la luna y las techumbres. Ocasionalmente, cabeceros de puertas decorados con yeserías completan la ornamentación interior del palacio.Inicialmente, la luna presenta una disposición asimétrica, si­guiendo el modelo de palacio de los Luna en Daroca o de Villa­hermosa en Mozota. El palacio de la calle de las Armas, 32, de Zaragoza, es claro exponente de esta tipología. Una arquería per­pendicular a la fachada, compuesta de arcos ojivales realizados con ladrillos aplantillados lucidos que apoyan sobre columnas de piedra ochavadas, comunica el patio con la luna sin solución de continuidad. Dos jácenas y un brochal de madera lucidos completan los tres lados restantes de la luna y sirven de apoyo al corredor superior, desgraciadamente perdido.A finales del siglo XV se asienta definitivamente la luna de planta cuadrada o rectangular. La planta baja se dispone con co­lumnas en los extremos, ochavadas, sobre las que apoyan jácenas de madera para sustentar las arquerías de la planta superior, las cuales están conformadas por un antepecho de obra sobre el que apoya una arquería con columnas de piedra, arcos mixtilíneos, lobulados, etc., semejantes a los del mirador de fachada. Algu­nos palacios, como las casas Torrero y Torrellas en Zaragoza, po­seen un segundo corredor en la planta de la falsa, con huecos más pequeños que los de la planta primera. Un rafe similar al de la fachada corona la luna y da paso al tejado. Los techos dejan ver las viguetas de madera, generalmente rolli­zos de madera escuadrados con doble entalladura, o bien con pieza sobrepuesta de sección lobulada. A veces estas piezas de madera están enlucidas. Las salas más nobles se cubren mediante alfarjes, que en fechas adelantadas se convierten en techumbres a mitad de camino entre el alfarje y el artesonado (Casa Torrero de Zaragoza). Los dinteles de las puertas se disponen como gran­des cabeceros que recuadran al alfiz, con yeserías decoradas con motivos vegetales. Se conservan pocos edificios públicos representativos de este pe­riodo, a diferencia de lo que ocurrirá en el siguiente. El Ayuntamiento de Puebla de Alfindén, atribuible a Abdallá Musaire, es uno de ellos; en él se expresan las características que se generali­zarán en otras casas consistoriales del siglo XVI, es decir, la crea­ción de una lonja en la planta baja con el fin de acoger el mer­cado, la ubicación de las dependencias municipales en la planta noble, y la falsa destinada a local de almacenamiento. Edificios de este periodo serían, en Zaragoza, la casa de la calle de las Armas, 32, la Casa Torrero (sede del Colegio de Arquitectos de Aragón), las casas de Lanuza, Fuenclara, Azara o la Caballería, y la desaparecida Casa de Torrellas. Fuera de Zara­goza destacan algunos palacios de Borja (la Casa de las Conchas), Ejea, Tarazona (Ayuntamiento viejo), el palacio de Nuez, nu­merosas casas de pueblos de la Comunidad de Calatayud (desta­can las yeserías de algún palacio de Morata de Jiloca), Daroca (hospital de Santo Domingo), Teruel (Casa del Deán), etc.

LA PLENITUD DE LA ARQUITECTURA MUDÉJAR

La arquitectura civil de la segunda mitad del siglo XV y primeras décadas del XVI crea una tipología palaciega singular; tan singular como el propio Reino de Aragón, en el que convivían la mayoría cristiana y las minorías judía y mudéjar en un aceptable entendimiento que se rompió primero en 1492 y después en 1610.
La muerte de Fernando II el Católico cambió decisivamente la situación de Aragón, puesto que desde Carlos V, los monarcas his­panos estarán desconectados de la realidad aragonesa, que en numerosas ocasiones actuarán de forma contraria a los intereses del Reino. Pese a todo, el siglo XVI es de una notable expansión económi­ca que en el campo de la arquitectura se traducirá en la cons­ttucción de numerosas iglesias y casas palaciegas, con el traslado de la nobleza a las ciudades y la consiguiente construcción de palacios para su residencia.
Elementos arquitectónicos formales, como el remate exterior en muador y rafe volado y el interior estructurado en torno a una luna o patio, se asientan definitivamente y se extienden a la práctica totalidad de los edificios civiles que se construyen en las regiones que vieron desarrollarse este tipo de arquitectura en la centuria anterior. El mirador de arquetes con doble rosca, a diferencia del mirador anterior de una sola rosca o de arcos con yeserías, se impone en la práctica totalidad de los edificios civiles y en un elevado nú­mero de los religiosos; iglesias góticas o mudéjares de piedra o ladrillo rematan su fábrica ahora con una galería o mirador de arquetes; a los campanarios se les añade un cuerpo o dos más, con el mismo elemento formal que el mirador, pero adaptado a la función de cuerpo de campanas con su especial configuración.Aragón se encuentra en pleno siglo XVI volcado en una intensa actividad constructora; las ciudades, las villas e incluso los pue­blos más pequeños ven levantarse palacios y casas palaciegas en un mismo estilo y con una estructura muy similar. Se crean nue­vas calles y nuevos barrios jalonados de magníficos edificios, co­mo en Borja, Calatayud, Tarazona, Daroca, Fonz, Burbáguena, Calamocha, Híjar, Ejea, etc. Numerosos edificios públicos se incorporan a este nuevo estilo, tanto en Zaragoza, como el desaparecido palacio de la Diputa­ción del Reino (s. XV) o la Lonja, como en las demás ciudades y villas, entre las que destacan las casas consistoriales de Borja, To­rrijo de la Cañada, Huesca, Pina (oculto el edificio histórico tras una desafortunada acción municipal en la restauración), o los hospitales, lonjas, conventos y casas varias que se encuentran por todo Aragón.
Zaragoza. Casa de los arciprestes de San Salvador (actual sede de El Justicia de Aragón)
LA ARQUITECTURA CIVIL MUDÉJAR EN EL RENACIMIENTO
Cronología
La cronología de este periodo podría establecerse haciendo coincidi­r su inicio con la fecha en que los musulmanes son obligados a convertirse al cristianismo, en 1526, y su final con 1610, año en que fueron expulsados.Estructura funcionalLa luna, en este periodo, consolida su función de elemento básico organizativo, ordenador del espacio interior; amplía conside­rabIemente sus dimensiones en el caso de grandes mansiones.El exterior, así mismo, mantiene la anterior estructuración en tres plantas, presentando la baja con entreplanta, y la última, la falsa, con cerramiento exterior mediante un mirador de arquetes doblados, sobre el que se dispone un rafe, aunque no tan volado como en el anterior periodo.Un nuevo elemento aparece en el siglo XVI, en los palacios que disponen de jardín; es un pórtico y una terraza, en la fachada lateral o posterior, que permite disfrutar de la naturaleza a sus propietarios. Elemento totalmente renacentista, proveniente de los estados italianos pertenecientes a la Corona de Aragón, se plasma mediante elementos renacentistas, es decir, pórticos so­portados por columnas clásicas. Estos pórticos, salvo en palacios rurales, han sido transformados mediante cerramientos, por lo que es difícil su apreciación, no obstante lo cual perdura, entre otros, en los palacios de Sástago y Argensola en Zaragoza y en el de la calle Visconti, 19, en Tarazona.
Construcción
El ladrillo aparejado a soga y tizón alternativamente, igual que en periodos anteriores, se impone como material constructivo ante los demás materiales, no obstante lo cual, en la Comuni­dad de Calatayud se sigue usando el tapial indistintamente con el ladrillo. En ciertos palacios, especialmente en los de la alta nobleza, la planta baja aparece construida con piedra de sillería, y el resto del edificio con ladrillo, como son los casos del palacio de Morata-Luna en Zaragoza, el del Obispo (actual Ayuntamiento) en Fonz, o Monterde (Comunidad de Daroca).En fachada desaparece el arco de descarga como elemento cons­tructivo, siendo sustituido por cabeceros de madera lucidos en las casas populares y por arco plano en las demás.El interior de la casa se construye de forma más racional que en el periodo anterior, siendo raras algunas soluciones estructurales, tales como los brochales, muy comunes anteriormente. La escalera, concebida como elemento importante de la casa, pa­sa a ocupar un lugar preeminente, inmediato a la luna, y se em­plaza entre sólidos muros de carga.En lo demás, no existen variaciones apreciables en comparación con el periodo anterior.
Características formales
FACHADAS
Se asienta definitivamente la tipología aragonesa creada cien años antes, consistente en una fachada predominantemente ciega en los dos cuerpos inferiores y abierta mediante el mirador en el cuerpo superior.La fachada se estructura en dos o tres cuerpos –según se diferencien o no las plantas baja y primera- separados por impostas. Algunos edificios, propiedad de la alta nobleza o de los municipios, introducen una portada decorada en el acceso prin­cipal, ejecutada según los cánones de la arquitectura clásica. Las ventanas de la planta noble tienen sus jambas decoradas con yeserías platerescas en algunos palacios, como Casa Morlanes de Zaragoza o varios palacios de Tudela (Navarra). En los demás ca­sos, las jambas aparecen enlucidas con yeso, siendo raras las oca­siones en las que el ladrillo llega hasta la carpintería, que sigue estando partida como en el periodo anterior. Pero el peso de la decoración en fachada, al igual que en el mu­déjar inicial, lo lleva la parte superior de la misma. El mirador de arquetes adquiere aún más preponderancia que anteriormen­te, incorporando nuevos elementos formales que le confieren una mayor fuerza expresiva. Una imposta de ladrillo aplantilla­do lo separa del resto de la fachada. Además de ésta, aparecen una o dos impostas más: la primera, que a veces se suprime, re­corre la línea de los antepechos, y la otra, más alta, sigue la lí­nea de arranque de los arcos.Los arquetes o vanos, siempre de doble rosca, llevan antepecho de obra, en ocasiones horadado por un óculo. Raras veces, el an­tepecho es sustituido por una barandilla, como era el caso del Ayuntamiento de Borja antes de su restauración. Como aislados pueden citarse los casos del Ayuntamiento de Huesca y el palacio de Sástago de Zaragoza, edificios en los que se sustituyen los arquetes por una arquería plana de piedra de corte clasicista. La impronta mudéjar se resalta en algunos edificios mediante frisos o paños decorados con dientes de sierra u otros motivos mudéjares, emplazados en los paños ciegos próximos a la arque­ría. Son de destacar los casos del palacio de Morara/Luna en Za­ragoza o las casas consistoriales de Alcañiz y Torrijo de la Caña­da (Comunidad de Calatayud), El rafe no sufre variación cuando es de obra, pero, en cambio, experimenta una profunda transformación cuando es de madera. Se adoptan las tipologías italianas, con canetes en forma de vo­luta y fondos decorados con pinjantes o motivos florales. En la periferia estos rafes pueden adoptar formas próximas a los del periodo anterior en cuanto al doble vuelo, como algunos casos aislados en Borja, o de forma más común en el Maestrazgo y Ba­jo Aragón. En ocasiones, debajo del rafe se crea un friso decorado, de ma­dera o bien de azulejos.

Zaragoza. Luna. Casa Pardo (museo Camón Aznar)
INTERIOR
La luna mantiene el protagonismo como elemento ordenador del interio del edificio, por lo que concentra en ella la mayor ri­queza decorativa del mismo. Normalmente es de corte clásico con columnas toscanas y arcos decorados con yeserías en su intra­dós, variando enormemente su tamaño en función de la riqueza de la casa. De carácter excepcional es la riqueza decorativa de la luna en los palacios de la alta nobleza. El palacio de Morara/Lu­na de Zaragoza crea una soberbia pieza clásica, con vanos adin­telados y una decoración sobria. En el palacio de Sástago, en Za­ragoza, recientemente restaurado, se aprecia una mayor riqueza decorativa, con las columnas de la planta baja estriadas y anilla­das, que soportan dinteles planos decorados con yeserías que dan paso a la segunda planta, cerrada con alquería que descansa sobre columnas toscanas. La luna de la casa de la Infanta, en cambio, está concebida con decoración plateresca, extremada­mente rica. La falsa se abre a la luna, en un plano más interior, con el mismo tipo de mirador que da a la calle, pero siempre co­ronado con un rafe de obra, a diferencia del de la calle. El patio adquiere una mayor importancia que en el periodo an­terior, al igual que la escalera, la cual accede al corredor superior a través de una o dos arquerías semejantes a las de la luna. Las estancias nobles de la casa, lo mismo que la escalera, se cu­bren en las grandes mansiones con techumbres mudéjares, gene­ralmente artesonados, haciéndose raros los alfarjes.Los forjados no decorados con techumbres mantienen las mismas tipologías anteriores, con fustas de doble entalladura, o bien con decoración sobrepuesta trilobulada. Las puertas o vanos, decorados con yeserías, abandonan las formas plenamente mudéjares, adoptando otras más próximas al plateresco.Los edificios de este periodo, aún conservando una apreciable unidad en cuanto al aspecto exterior, diversifican su estructura en función de su uso. Por ello, pueden clasificarse en los siguientes grandes grupos:
· Palacios urbanos de la alta nobleza.
· Palacios rurales de la alta nobleza y clero.
· Casas solariegas.· Arquitectura civil pública; casas consistoriales.
Zaragoza. Casa Don Lope, actual Real Maestranza
Palacios urbanos de la alta nobleza
En el siglo XVI tiene lugar un fenómeno que originará una gran repercusión en la transformación de las ciudades, especialmente Zaragoza: el traslado de la nobleza del campo a la ciudad, con la consiguiente construcción de sus respectivos palacios. Estos se ubicaron distribuidos por toda la ciudad, pero con una mayor incidencia en el Coso Alto, calle San Jorge y entorno de la Seo. Tal cantidad de palacios se levantaron, y de tal opulencia, que los viajeros de la época se hacían eco de su riqueza, llegando a denominar a la ciudad Zaragoza la Harta.El primer palacio que se construyó, en 1534, fue Casa Coloma, en el Coso, transformado en 1913 en el actual Casino Mercantil. Sus magníficos artesonados mudéjares, que decoraban su planta noble, se conservan en la actualidad en su estado original en la planta primera del casino. Por desgracia, la techumbre de su es­calera se ha perdido. La Casa de Donlope, actual sede de la Real Maestranza, se construyó según modelo de Casa Coloma, como consta en el contrato de construcción.
Zaragoza. Palacio de Luna/Morata
Los palacios de los condes de Morata/Luna y condes de Sástago, ambos en el Coso, junto con la Casa Zaporta/Casa de la Infanta (ésta exteriormente aún clasificable en el periodo anterior) com­pletarían la relación de palacios de la alta nobleza en Zaragoza.En otras ciudades son difíciles de hallar estos palacios. Pueden destacarse el palacio de Eguaras en Tarazona (si bien exterior­mente, de tapial, no guarda relación con los de Zaragoza) y sobre todo los palacios de la nobleza de la ciudad navarra de Tudela.
Palacios rurales de la alta nobleza y clero
Pese al traslado de la nobleza a las ciudades, en especial a la ca­pital del reino, el medio rural conserva las antiguas residencias de los señores feudales, modificándolas y ampliándolas según el nuevo gusto de la época. El castillo-palacio de los Luna en Illue­ca, que Benedicto XIII levantara en su mayor parte a principios del siglo XV, es ampliado y dotado de un mirador que recorre toda la fachada.Los duques de Villahermosa modifican y amplían su soberbio palacio en el centro de Pedrola con un extenso jardín que toda­vía se conserva en la actualidad.Un caso significativo que ilustra esta tipología de edificación es el palacio de Ambel (Campo de Borja), sede de la Encomienda de los Hospitalarios de San Juan. Si bien el edificio es una suce­sión de construcciones desde la Edad Media al siglo XVII, la ma­yor parte del mismo está construido durante el siglo XVI, en es­pecial en lo concerniente a su integración con la trama viaria de Ambel.De grandes dimensiones, se estructura -igual que todos los pa­lacios de la época- en torno a una amplia luna, con aspecto de claustro y exenta de todo tipo de decoración. Próxima al patio de entrada se encuentra la iglesia mudéjar del siglo XIV, que es­tá totalmente envuelta por las edificaciones del palacio. La incorporación del palacio-convento a la población tiene lugar en el siglo XVI, mediante la construcción de una lonja entre dos torreones extremos situados en un lateral de la iglesia. En planta baja consta de tres vanos que se corresponden con tres tramos de la iglesia. En la planta intermedia se dobla el número de vanos, que pasa a ser de seis, resueltos igual que en la planta baja, con arcos carpaneles. La planta superior es un mirador de arquetes, con doce vanos. Esta tipología constructiva es común en la arquitectura pública aragonesa de la época, y guarda una cierta relación con edificios públicos italianos, como el palacio de la Razón de Padua (Veneto).A esta fachada se le articularon posteriormente otras construccio­nes para diversos usos del edificio, entre ellas el acceso principal y la casa abadial. El resto de dependencias responde a un esque­ma funcional muy complicado, con numerosas salas comunica­das entre sí, además de con los corredores que existen alrededor de la luna y encima del patio. Al oeste, ya en el siglo XVII, se construyó una terraza cubierta, orientada hacia el jardín, si­guiendo el modelo de los grandes palacios del siglo XVI. Además de los mencionados, pueden citarse el palacio de Frésca­no (Ribera Alta del Ebro), Cetina (Alto Jalón) y el palacio de los Duques de Villahermosa en Torres de Berrellén, hoy muy trans­formado.Borja. calle S. Francisco
Casas solariegas. Conjuntos urbanos
Siguiendo el ejemplo de la alta nobleza, la baja nobleza y la burguesía construye sus casas según la tipología ya explicada, cambiando por completo la fisonomíaa de las ciudades aragone­sas, que renuevan o amplían sus cascos urbanos con casas de la­drillo o tapial., todas ellas rematadas por el mirador de arquetes.Si exteriormente existe una gran uniformidad en la casa mudéjar del siglo XVI, el interior varía en función de la posición social del propietario, ya que sólo las casas solariegas poseen luna, mientras que las pertenecientes a estratos sociales más bajos pre­sentan una disposición interior más convencional, con ausencia de luna. Salvo el área geográfica de Calatayud y puntualmente la de Zaragoza, en las que abundan las casas de tapial con esgra­fiado exterior, el ladrillo es el material predominante de todas estas construcciones.En esta época se da el fenómeno de la aparición de conjuntos urbanos dominados por esta tipología edificatoria.
Zaragoza, destrozado su casco histórico durante los siglos XIX y XX, debió poseer barrios completos dominados por casas mudé­jares, a juzgar por las litografías, las fotos antiguas y los archivos históricos en los que se refleja la transformación de casas mudé­jares en edificios de viviendas. No obstante, en el Rabal, modes­to barrio zaragozano, aún se puede apreciar la preponderancia de estas construcciones. Fonz, en el somontano de Sobrarbe, conserva una amplia calle curva, posible antiguo trazado de su primer recinto fortificado, totalmente bordeada de casas mudéjares de ladrillo, presididas por el palacio del Obispo de Roda/Lérida, hoy Casa de la Villa. Alquézar, también en el somontano, posee un notable conjunto en su plaza Mayor. Ejea, en las Cinco Villas, tiene forma alargada, y su calle cen­tral, la de Mediavilla, está jalonada de edificios mudéjares. Borja presenta tres núcleos; de éstos, el más antiguo el de la pla­za del Mercado, al que siguió la calle de San Francisco, y el Campo del Toro, este último prácticamente destruido y conver­tido en la actual plaza de España. Calatayud, ciudad que compite con Zaragoza en la destrucción de sus monumentos, conserva en su recinto histórico una gran cantidad de casas, muchas de ellas de tapial y revoco con esgra­fiados.
Paniza (Campo de Cariñena). Arquitectura civil mudéjar junto a la iglesia mudéjar, cuya fachada dispone de elementos habituales de la arquitectura civil, especialmente los miradores.

Paniza, en el Campo de Cariñena, tiene el centro de la pobla­ción edificado en el siglo XVI con casas mudéjares, presidido en la plaza por el soberbio templo parroquial, con larga fachada a la misma, compuesta con dos muros rematados por sendos mira­dores de arquetes, expresando la estrecha relación entre la arqui­tectura civil y la religiosa de la época.Daroca posee arquitectura mudéjar por todo el casco, pero en es­pecial a lo largo de la calle Mayor, con la particularidad de sus fachadas voladas. En el valle medio de Jiloca existen varios pueblos con estos con­juntos de arquitectura civil, entre los que destacan Báguena, Burbáguena y Calamocha.En el Bajo Aragón también existen varios núcleos de población que cuentan con conjuntos urbanos mudéjares notables, como Híjar y La Fresneda; más cerca de Zaragoza, la calle Mayor de Pina, el centro de Villamayor y las ruinas de Belchite dan idea de la extensión y popularidad que alcanzó la arquitectura mudé­jar civil aragonesa a partir del siglo XVI.Fuera de Aragón, la Ribera de Navarra, estrechamente ligada en el orden cultural a Aragón, también incorpora estas tipologías, destacando los conjuntos de su capital, la ciudad de Tudela, y las villas de Villafranca, Corella, Cintruénigo, Cascante y Argue­das.Torrijo de la Cañada (Comunidad de Calatayud). Casa de la villa. s.XVI
Casas consistoriales
La arquitectura mudéjar, que inicialmente sólo abarcaba la ar­quitectura religiosa y más tarde se extiende a la arquitectura civil privada, durante el siglo XVI alcanza también al resto de las construcciones de la época, en especial a la arquitectura civil pú­blica, tanto sean ayuntamientos como hospitales, lonjas, edifi­cios administrativos, etc., además de conventos y monasterios, en sus edificaciones no destinadas al culto.Los municipios, que hasta entonces habían tenido su sede en ca­sas comunes, deciden construir una nueva sede acorde con sus necesidades y que proyecte hacia el exterior la importancia de su función. Para ello se crea una tipología que resuelva esas necesi­dades; por un lado, se crea en planta baja un espacio porticado que sirva de mercado cubierto, que puede limitarse a un sencillo porche en pequeños pueblos, o bien puede ocupar la totalidad de la planta baja en poblaciones que tienen mercado comarcal.En la planta noble se construye un gran salón que sirve para todos los usos de la vida del municipio, tanto para reunirse el consistorio como para las reuniones locales. La falsa, por fin, se cierra mediante un mirador de arquetes.En el exterior se crea una nueva estética, quizás fruto de la unión de las tradiciones mudéjares aragonesas con la influencia cultural proveniente de Italia, a través de la disposición de sus edificios públicos, como el ya citado palacio de la Razón de Pa­dua (Venero), o la renacentista Lonja de Vicenza, también en el Veneto.La nueva estructura de las fachadas de los ayuntamientos, igual que en el palacio de Ambel, se conforma mediante tres cuerpos que se corresponden con sus tres plantas; el inferior, una arque­ría de grandes vanos; el intermedio, una segunda arquería con doble número de vanos que la anterior, y, finalmente, el mira­dor con doble número de vanos que la planta intermedia, y cuatro veces, por tanto, que la baja. Tabuenca, Torrijo de la Caña­da o Berdejo responden a este esquema. Pero anteriormente a estas casas consistoriales, se había iniciado la construcción de otras con tipologías que correspondían a la arquitectura civil pri­mitiva, con miradores de arquetes de una rosca, como el Ayun­tamiento Viejo de Tarazona, o de arcos conopiales, como el de Puebla de Alfindén.Por otra parte, las ciudades aragonesas construyeron nuevos ayun­tamientos respondiendo a tipologías más próximas a la arquitec­tura civil privada. Tarazona construyó un nuevo Ayuntamiento que sirviese también de lonja. Perdido su mirador y tabicado su porche tras una desafortunada restauración que incluyó su mira­dor copiado del claustro de Veruela, sólo queda de su estado original el magnífico relieve que ocupa una gran parte de su fachada, precisamente el único elemento no mudéjar de la misma, así como parte de la lonja de la planta baja.Borja y Huesca también construyen sus ayuntamientos en el si­glo XVI, el segundo con un cierto parecido al palacio de Sástago de Zaragoza. Alcañiz construye un nuevo Ayuntamiento con dos fachadas, la principal que da a la plaza, es de piedra, renacentista, mientras que la fachada lateral, de ladrillo, es totalmente mudéjar con frisos de esquinillas y otros tipos de lacerías. Cariñena incorpora una tipología original, con la edificación principal retranqueada y una lonja en su parte anterior, sobre la que se edificó una galería cubierta, cerrada al exterior mediante una arquería. Calatayud también construye su Ayuntamiento coronado por un mirador del cual hay constancia escrita, aunque en la actualidad no puede contemplarse por estar oculto, ya que última restauración no sólo no se descubrió, sino que se trató de ocultar los restos de su lonja en la planta baja.Zaragoza. LonjaOtros edificios públicos

Ya se ha dicho que el primer edificio público que se construye en estilo mudéjar es la sede de la Diputación General del Reino. La expansión económica del siglo XVI impulsó la construcción de lonjas de contratación, siguiendo el ejemplo de otros países de la Corona de Aragón. La Lonja de Zaragoza, primera que se construye en Aragón, es en todo común a los tem­plos de planta salón que se levantan contemporáneamente en el país. De ladrillo agramilado, el exterior se compone de cuatro cuerpos, los tres inferiores que corresponden al salón interior, y el superior que corresponde a la falsa. Los huecos inferiores, de triple rosca con alfiz, dan paso a una gran cornisa sobre la que se apoyan las ventanas que iluminan el interior. El clásico mirador de arquetes se convierte, en la Lonja de Zaragoza, en una sucesión de huecos geminados, con las mis­mas impostas que los arquetes tradicionales y con figuras en los antepechos que sustituyen a los óculos. Tras un rafe de madera, el edificio se remata con cuatro torretas semejantes a las de las torres mudéjares que pasan de planta cuadrada a octogonal. El interior es un salón cubierto con bóveda de crucería y apeado mediante columnas jónicas anilladas. Los muros de cerramiento, esgrafiados, van recorridos en su parte superior por un friso rotu­lado, sobre el que apoyan las ventanas, enmarcadas, con jambas con yeserías. El acceso a la falsa, hoy perdido, se efectuaba mediante una es­calera de caracol adosada al exterior de la fachada norte. El actual Ayuntamiento de Tarazona también fue concebido co­mo lonja de la ciudad, y así figura en el contrato de construc­ción. No obstante, se edificó para albergar también la Casa Con­sistorial. Lo normal era construir una lonja abierta en la planta baja de las casas consistoriales, como las ya comentadas al hablar de los ayuntamientos, a las que se les podría añadir las de Ricla, Ibdes, Mara, La Almolda, El Frasno, Acered, Pina, etc., este último muy transformado tras su desafortunada reforma. A diferencia de las casas consistoriales, apenas se han conservado hospitales. Éstos tendrían, en líneas generales, la misma confi­guración que las casas solariegas, como es el caso del hospital Sancti Spiritus de Borja. El hospital de Santo Domingo de Da­roca se edificó en el siglo XVI reformando un edificio anterior. El hospital de Nuestra Señora de Gracia, de Zaragoza (derribado en el siglo XIX), aunque creado en el siglo XIV, tendría la ma­yor parte de su fábrica levantada en el siglo XVI. Su nombre lo ha heredado el antiguo Hospital de Convalecientes, del que re­cientemente se han recuperado salas del siglo XVI, sostenidas por las clásicas columnas aragonesas anilladas. Otros edificios públicos del siglo XVI construidos con la tipolo­gía mudéjar, podrían ser las casas de los azudes de Almozara en Alagón o del canal Imperial en Fontellas (Navarra). También se construyen conventos, con soluciones tan originales como el de la Concepción de Épila, cuya fachada acusa las dos vertientes del tejado. Posee dos portadas gemelas, ya manieristas, sobre las que se sitúa un escudo imperial. Se remata mediante un curioso doble mirador de arquetes, el superior más corto, acompañando al tejado, con todos sus huecos cerrados con celosías de yeso.
SISTEMAS ORNAMENTALES
Las techumbres de la Casa Coloma de Zaragoza (1530) pueden considerarse como las más antiguas de este periodo. Este palacio, prototipo de los construidos en el siglo XVI, fue profundamente transformado en 1913 para convertirlo en el Casino Mercantil e Industrial, no obstante lo cual se conservan los artesonados de su planta noble y patio, habiéndose perdido el resto, si lo tuvo. Se abandonan definitivamente los alfarjes como sistema constructi­vo y decorativo de forjados, adoptándose los artesonados, techos planos con concavidades en forma de artesas, de donde recibe el nombre. El origen mudéjar de estos techos se manifiesta inequí­vocamente por su trazado geométrico, basado en la estrella de ocho puntas en la sala del Coso y por la pervivencia de la mol­duración de la madera en rollos.La Casa Donlope sigue en su decoración a Casa Coloma, desta­cando la magnífica cubierta cúpula de madera en su escalera. Esta última tipología se traslada al exterior en el caso del tejaroz de Santa María de Calatayud.Los rafes mantienen el carácter de épocas anteriores, reservándo­se a la fachada principal los de madera, realizándose los demás con material cerámico. Los de madera abandonan su anterior morfología para adoptar una nueva importada de Italia, cuyos canetes son volutas clásicas, mientras que los fondos se decoran con motivos vegetales o geométricos que pueden mantener un aire mudéjar.En lugares apartados de Zaragoza, como Borja o el Maestrazgo, se mantiene la tradición del rafe de doble vuelo del siglo XV, introduciendo las nuevas formas clásicas de las volutas sustitu­yendo a las jácenas anteriores.
LA DECORACIÓN EXTERIOR
Durante este periodo se consigue unificar la ornamentación exte­rior de la arquitectura religiosa con la civil, principalmente gra­cias a la introducción del mirador de arquetes de doble rosca, no sólo en la coronación de iglesias y palacios, sino incluso en la or­namentación de huecos en los campanarios.La ornamentación exterior de ladrillo, que aparece con cierta fre­cuencia en paramentos exteriores -especialmente ábsides- y siempre en las torres, posee un repertorio muy reducido, que se limita muchas veces a una decoración de rombos y frisos de es­quinillas o de cerámica vidriada. Las arquerías de doble rosca ba­jo arco de medio punto, ya sean diáfanas o ciegas, completan la decoración. La fachada de la iglesia de Paniza, en la que se combinan lace­rías de rombos con frisos de esquinillas, arquerías y portada con frontón clásico, sería buen exponente de ello.Los campanarios poseen unos rasgos muy definidos que permi­ten una perfecta cronología de los mismos en contraposición con campanarios y alminares anteriores. La tipología más extendida es la de torre de planta mixta, con cuerpo inferior cuadrado y superior octogonal, éste con pilastras planas adosadas en sus extremos. El chapitel aparece recubierto de cerámica vidriada de colores blanco, amarillo, verde, azul y morado. Las torres de planta cuadrada, como Santa María de Maluenda o la Seo de Tarazona, poseen el mismo tipo de decoración.La ornamentación exterior de ladrillo también se aprecia en los edificios civiles, aunque se limite únicamente a frisos de esquini­llas, como es el caso de los palacios de Morata/Luna o Donlope en Zaragoza. Ornamentación más profusa de rombos y esquinillas aparece en edificios públicos, como los ayuntamientos de Torrijo de la Ca­ñada y Alcañiz.
LA DECORACIÓN INTERIOR
Los revestimientos interiores también son comunes en los edifi­cios religiosos y civiles. Sea cual fuere el material de construc­ción, éste se reviste de yeso, tratándose en la parte inferior de los muros de yeso negro y en el resto de yeso blanco. En ambos ca­sos se marca un dibujo con punzón esgrafiado en «opus quadra­tum», resaltado en la parte superior del yeso con otras bandas que imitan cornisas. El esgrafiado sobre yeso blanco (que en rea­lidad resulta ser de color gris claro) se pinta de color blanco, y el del yeso negro (en realidad color gris oscuro) se pinta en color negro. Se tiene constancia que en ciertos edificios se modificaba esta disposición genérica para ser sustituida por otros colores, como en el palacio de Sástago de Zaragoza, pintado de color cal­dero en su estado original y así restaurado en la actualidad. En la zona más noble de templos y palacios, presbiterio y patio-luna-escalera respectivamente, las paredes se enriquecían con un arrimadero de cerámica de Muel y de otros alfares, con la que también se pavimentaban ciertas zonas nobles.

LA ARQUITECTURA CIVIL MUDÉJAR EN EL BARROCO

Tras la expulsión de los moriscos en 1610, la arquitectura mudé­jar, profundamente arraigada en el pueblo aragonés, no sólo no desaparece, sino que se extiende a la totalidad del territorio ara­gonés, superando en ocasiones esporádicas sus fronteras en el norte de Navarra, Castilla, Valencia y Cataluña. Varias novedades se introducen en esta época: cambia el aparejo de ladrillo, disponiéndose a partir de entonces a tizón, se extien­de el uso del rafe de ladrillo aplantillado, las lunas desaparecen paulatinamente dando paso, en los grandes palacios, a las esca­leras imperiales, el balcón sustituye a la ventana, abriendo la casa a la calle, se da más importancia a la escena urbana de la edificación, etc.
Cronología
(SS. XVII y XVIII)
Estructura funcional
La principal transformación que se opera en la casa mudéjar en esta época consiste en el cambio de su anterior introvertida es­tructura islámica en una nueva occidental, abierta al exterior. Para ello se suprime la luna, dejando de ser ésta el foco de la ca­sa, y por otro lado en el exterior se sustituyen las ventanas por balcones, incorporando la casa a la vida urbana de la calle.El interior se ordena, en los grandes palacios, en torno a una monumental escalera cubierta por una cúpula con linterna, aun­que a veces se trata de una escalera imperial. En ocasiones pervi­ve la luna como en la época anterior, pero, en cambio, cuando existe jardín posterior, éste adquiere un gran protagonismo y se hace más común, debiendo, por tanto, solucionarse la composi­ción de la fachada al mismo con similar esmero que la fachada a la calle. En algunos casos se trata de la adaptación de palacios preexistentes a los nuevos gustos, como el palacio de Fuenclara de Zaragoza, o el de Villahermosa de Pedrola. Las casas construidas durante el renacimiento y el gótico trans­forman de manera generalizada sus ventanas en balcones, siendo difícil hallar en la actualidad edificios de esa época que conser­ven sus ventanas originales.ConstrucciónEn cuanto a los elementos constructivos de esta época, no se aprecian cambios sustanciales respecto al periodo anterior. El ladrillo acentúa su preponderancia como material, cambiando su aparejo a tizón; se hace más raro el uso del tapial que, cuan­do aparece, va destinado a fachadas no principales. Desaparecen las fachadas con planta de piedra. Por otro lado, se extiende el uso de muros ejecutados con aparejo concertado.
Zaragoza. Casa Argillo (actual museo Pablo Gargallo)
Características formales
FACHADA
Las fachadas prosiguen, en general, con las mismas caracterís­ticas formales que en el periodo anterior, con las siguientes dife­rencias.En primer lugar desaparecen los motivos ornamentales a base de frisos de esquinillas y otros de origen medieval. La puerta de la casa suele ir acompañada de una portada, comúnmente de pie­dra, aunque a veces es sustituida por otra de ladrillo aplantilla­do, lucido y esgrafiado, formando grandes dovelas dentadas. La planta noble se transforma, adquiriendo un aire más abierto y dinámico gracias a los grandes balcones, cuyos dinteles, muy aparatosos, suelen ser peraltados, con un arco plano en su parte inferior y otro curvo con dovelas salientes en la superior. A veces son simples arcos planos, con dovelas crecientes en su parte cen­tral, algunas de ellas de ladrillo aplantillado, sobresaliendo de las demás.El mirador, inicialmente, conserva su anterior aspecto, si bien con un carácter más dinámico al cambiar sus proporciones, como en Casa Argillo de Zaragoza, cuyos arquetes son más alargados, o bien al añadírseles una tercera rosca.A veces, la rosca exterior es arquitrabada a modo de alfiz y la in­terior curva, como en los edificios jesuíticos; ya más tardíamen­te, el mirador se convierte en una sucesión de pilastras de doble rosca, cuyos dinteles son de madera, a veces enlucida. El rafe se diversifica, generalizándose el de ladrillo aplantillado más o menos volado. Las casas populares adoptan el rafe de ma­dera, muy volado, con sencillos canetes. Otras veces pervive el rafe medieval de ladrillo y teja. El palacio de Morata de Jalón, en cambio, adopta el rafe de yeso muy decorado, dando paso a otra tipología muy extendida en esta época, de gran alero de media caña de yeso, en ocasiones con lunetos.

Morata de Jalón (Valdejalón). Palacio de los condes de Morata. Escalera imperial. (foto Anikapi)

INTERIOR
La luna va declinando su preponderancia anterior como princi­pal elemento de la organización interior de la casa. El palacio de Fuenclara de Zaragoza, del siglo XV, es un claro exponente de las transformaciones que se operan en esta época, ya que es reformado en el siglo XVII. En primer lugar, su anti­gua luna seria cambiada por otra al gusto de la época, con cua­tro columnas toscanas en los extremos de su reducido perímetro. Una monumental escalera permite el acceso a la planta noble, cubierta por una gran cúpula que sustituye la linterna por un pinjante. La fachada posterior se transforma, adquiriendo un mayor protagonismo al enfatizarse el uso del jardín.Ya se ha dicho que la escalera imperial aparece en los grandes palacios, como en los de Morata de jalón, Villafranca de Ebro y Pedrola. Las bóvedas con yeserías, semejantes a las de las iglesias contem­poráneas, se usan en los grandes palacios, tanto en las salas no­bles como en escalera, patio y pasillos. Las puertas y huecos en general van provistos de molduras al gusto barroco, acompañando a las ricas carpinterías, que conti­núan con la tradición mudéjar en su traza.


Morata de Jalón (Valdejalón). Palacio de los condes de MorataIzquierda: planta, con la plaza en la parte inferior y el jardín en la posterior; arriba ubicación en el centro del pueblo.Derecha: Parte central de la fachada (foto Anikapi)
Palacios de la alta nobleza. Conjuntos urbanos
A lo largo de los siglos XVII y XVIII se continúa construyendo con edificios de esta tipología, completando actuaciones del si­glo XVI, como en Zaragoza, o creando otros nuevos, como en Alquézar, Mallén o Muniesa. Pero la contribución más impor­tante de este periodo son los grandes conjuntos palaciales que aportan una escenografía urbana muy al gusto barroco, además de otras edificaciones no palaciegas que aportan parecidas nove­dades.Morata de jalón y Villafranca de Ebro son las dos grandes actua­ciones palaciegas antes mencionadas. El primero, con fachada principal en forma de U, está flanqueado por dos torres, una de ellas el campanario de la iglesia, englobada en el conjunto pala­cial aun siendo su fábrica de construcción anterior.En Villafranca, en la Ribera Baja del Ebro, emplazada en la te­rraza superior del valle, justo en el límite de la huerta con el monte, los duques de Villafranca construyeron en el siglo XVII su palacio.La fachada a la plaza ocupa dos de sus lados, uno destinado a al­macenes y graneros y otro a edificación principal, incluida la iglesia de la misma, compuesta de forma unitaria con el resto de la fachada. La parte posterior del edificio principal tiene forma de U., abarcando parte del jardín; está compuesta con igual pres­tancia que la fachada a la plaza. Torretas similares a las de la Lonja adornan los extremos de la fachada al jardín. El interior, presidido por la escalera imperial, presenta sus estancias dispues­tas sucesivamente, sin pasillo, cubiertas por bóvedas con yese­rías, semejantes a las de las iglesias mudéjares contemporáneas. El palacio de los condes de Morata, en Morara de Jalón, forma un gran conjunto, con planta en H, en cuyos extremos se alzan sendas torres, el campanario de la parroquia, y la torre munici­pal del reloj. El palacio propiamente dicho ocupa el fondo del conjunto; consta de semisótano, dos plantas y falsa, esta última con la singularidad de su cerramiento exterior integrado en el gran rafe de yeso con modillones decorados con atlantes y hue­cos en forma de óculos. La portada, coronada por un tímpano encerrado en frontón muy decorado, es de sillares almohadilla­dos; preside la fachada, la cual incorpora una sucesión de pilas­tras de orden clásico. El lado izquierdo de la fachada principal es ocupado por la igle­sia, apareciendo unificado su exterior con el del palacio gracias al rafe. El lado derecho es ocupado por dependencias municipales, con la clásica lonja en su planta baja, hoy tabicada. El interior del palacio está presidido por la monumental escalera imperial que organiza el espacio interior. Las salas principales se cubren de bóvedas con lunetos, decorados mediante frescos con motivos vegetales y heráldicos. El palacio de los duques de Híjar en Épila, aún de corte neoclá­sico, posee características comunes con los otros palacios contem­poráneos en cuanto a su ubicación en el conjunto urbano de la villa. En cuanto a intervenciones globales en los cascos urbanos, se prosigue en la misma línea que el periodo anterior, creándose calles y plazas edificadas según esta tipología. Destacan los conjuntos de Mallén, Muniesa, Ejea y Belchite, este último continuando la tradición de las capillas edificadas sobre calles y puertas de la ciudad, moda que se extendería a toda la región suroriental aragonesa. A veces, cuando se construye un grupo de casas, se advierte por parte del Ayuntamiento que se haga a la «nueva moda», como las casas porticadas de la plaza de la Colegial de Daroca.Finalmente cabría resaltar la transformación del castillo de Alca­ñiz, mediante la construcción de una soberbia fachada de ladri­llo, de dimensiones monumentales, y flanqueada por dos torres, que dado su emplazamiento en la parte más alta y céntrica de la ciudad, se resolvió teniendo en cuenta esas circunstancias.
Ateca (Comunidad de Calatayud): casa de la villa
Edificios públicos
También prosigue en estos momentos la construcción de edifi­cios públicos, aunque con diferente intensidad que en el perio­do anterior.Cesa la construcción de ayuntamientos según la tipología rena­centista, aunque se reforman y amplían los existentes. El más re­presentativo y casi el único de esta época es el de Ateca, de gran desarrollo longitudinal, lo que permite la construcción de un largo pórtico. Su fachada principal es de ladrillo, con rafe tam­bién de ladrillo aplantillado. Las demás fachadas son de tapial concertado con bandas de ladrillo.Chodes (Valdejalón) es un nuevo asentamiento de la época, pro­movido por el señor local, el conde de Aranda. Éste construye el pueblo en torno a una monumental plaza cerrada, de planta octogonal, presidida por el Ayuntamiento y la Iglesia. Maella (Bajo Aragón-Caspe/Baix Aragó-Casp) construye una esbelta torre del reloj apoyándose en una edificación anterior de piedra. En cambio, en esta época se edifica un gran número de ayunta­mientos de piedra, muy alejados de la tipología mudéjar arago­nesa, en todo el sur del país, especialmente en las comarcas de Gúdar, Maestrazgo y Tierra de Montalbán. Daroca construye en la calle Mayor el edificio sede de la Comu­nidad de aldeas de Daroca, si bien se remata sin mirador, como ocurre con algún otro edificio público de la época.

ARAGON CONTEMPORÁNEO: NEOMUDÉJAR

Romanticismo y eclecticismo: el neomudéjarA lo largo del siglo XIX, básicamente durante su primera mi­tad, pervive el mudéjar tardío, especialmente en lugares alejados de los focos culturales. Por ejemplo, se puede citar el palacio emplazado al final del paseo de Villarroya de la Sierra (Comuni­dad de Calatayud).La tradición mudéjar en la construcción, no obstante, se va apa­gando a lo largo del siglo, hasta que a finales del mismo, con el auge de los nacionalismos y el espíritu romántico de retorno a los valores nacionales tradicionales, renace con ímpetu la arqui­tectura mudéjar aragonesa, incorporando las nuevas técnicas constructivas que la Revolución Industrial había originado, espe­cialmente el uso del hierro como elemento resistente.Ricardo Magdalena, arquitecto municipal de Zaragoza y en la vanguardia profesional de la época, inicia el periodo con la cons­trucción del nuevo Matadero de Zaragoza, inaugurado en 1885 tras varios años de obras. La función industrial del mismo no le posibilitó el uso pleno de las invariantes tradicionales de la ar­quitectura mudéjar aragonesa; de todas formas, el uso del ladri­llo junto con la mampostería, la modulación de puertas y venta­nas, así como el cuerpo de ventilación, que al exterior se trata del clásico mirador, le confieren un cierto aire tradicional arago­nés que presagia la orientación posterior de la arquitectura ara­gonesa.Casi simultáneamente con el Matadero, Magdalena proyecta el primer gran edificio neomudéjar, la Facultad de Medicina y Ciencias, situada extramuros junto a la Puerta de Santa Engra­cia. Magdalena recoge en este edificio lo mejor de la arquitec­tura aragonesa del siglo XVI en la composición del mirador de arquetes y en el rafe, y de la pública del siglo XVIII en la com­posición de huecos y espacios interiores.Zaragoza. Colegio de los Escolapios. La iglesia y el edificio adosado a ella corresponden al colegio antiguo del s. XVIII. El resto se construyó en 1917 iniciandose la apertura de la calle del Conde Aranda, con proyecto de M.A. Navarro
La arquitectura neomudéjar alcanza especialmente a la construc­ción de edificios públicos. Los pocos arquitectos que proyectan según la tradición aragonesa han de luchar con su formación académica, muy lejana de estas tradiciones, a diferencia de los arquitectos anteriores al siglo XIX, cuya formación aragonesa facilitaba la composición tradicional de los edificios que pro­yectaban.Miguel Ángel Navarro, hijo del también arquitecto Félix Nava­rro, autor del Mercado Central de Zaragoza, releva a principios de siglo a Magdalena, edificando los Escolapios y los Agustinos de Zaragoza, según la más fiel tradición dieciochesca de cons­trucción de colegios.En los años veinte se construye el edificio de Correos de Zarago­za, el cual, siendo más historicista, incorpora de nuevo la deco­ración con lacerías y paños de sebka; también de esta época son los curiosos graneros de Casa Gros de Bujaraloz, de estilo neo­nazarí. La Academia General Militar de Zaragoza, de 1928, también tiene su fachada principal neomudéjar.La irrupción del racionalismo en Aragón, pionero en España con la construcción del Rincón de Goya (Fernando García Mercadal) en 1928, permite que se introduzcan en los edificios de vivien­das, e incluso públicos -como la Confederación Hidrográfica del Ebro-, algunos elementos tradicionales, especialmente el uso del ladrillo caravista, en contraposición del revoco racionalista.Fuera de Zaragoza, también aparece de forma esporádica este ti­po de arquitectura. Teruel construye su escalinata, el pórtico de la catedral, y algún otro edificio, anunciando su generalización de postguerra.
La postguerraTras la guerra civil tiene lugar una gran expansión de la arqui­tectura contemporánea de tradición mudéjar, como consecuencia de la orientación del nuevo régimen hacia valores tradicionales y por actuación de los hermanos Borobio, magníficos arquitectos que impusieron los invariantes tradicionales mudéjares arago­neses en todas sus obras, ya fuesen edificios públicos o de viviendas.La Feria de Muestras es el primer edificio que se construye en esta etapa. La torre, de ladrillo caravista, está concebida como una abstracción de las torres mudéjares, con un gran cuerpo, bajo, ciego, modulado con casetones y rematado por un paño con ventana. El cuerpo de campanas es sustituido aquí por cuerpo acristalado; el chapitel presenta un cuerpo intermedio, a modo de linterna, también acristalado. La mayor parte del re­cinto ferial es de planta baja, por lo que su tratamiento exterior es semejante al de la torre. Finalmente, sobre el vestíbulo principal se crea un cuerpo cuyo cerramiento exterior es el clásico mirador de arquetes.La ciudad de Teruel, destruida tras largos asedios en la guerra, se reconstruye adoptando la tipología aragonesa en la construc­ción de edificios de viviendas. La plaza y la calle de San Juan, en donde se emplazan los edificios oficiales, junto con las fachadas exteriores del casco antiguo (Glorieta y óvalo), se construyen de nueva fábrica con edificios cuya última planta es un mirador adaptado al uso residencial.También la nueva villa de Belchite, construida de nueva planta tras abandonar el antiguo caserío, se levanta rematando todos los edificios públicos de la plaza con un mirador, llegando al extremo de realizar el campanario de la iglesia, de planta octogonal, con aspecto de alminar otomano.En Zaragoza, los hermanos Borobio, José Beltrán y otros, irrumpen con la tipología mudéjar aragonesa, especialmente en las grandes intervenciones del casco antiguo: la plaza del Pilar y la calle San Vicente de Paúl. Además de estos grandes conjuntos, puntualmente se salpica la ciudad de edificios de estas caracterís­ticas, especialmente en la calle Conde de Aranda, ensanche de Santa Engracia, plaza San Francisco y Gran Vía. El nuevo Ayuntamiento, entre el Pilar y la Lonja, quizás sea la obra más representativa de esta época.Huesca, que había construido la Delegación de Hacienda en la plaza de Navarra según tipología aragonesa, prosigue usando la misma en el Ensanche, presidido por el edificio de la Diputación Provincial.Otros edificios públicos, especialmente colegios de religiosos, emplean predominantemente la estética mudéjar en sus edificios. Los Agustinos (Navarro), La Enseñanza, Escolapias, La Salle, etc.