2 sept. 2009

El mudéjar civil. Los orígenes

La composición social del Aragón medieval no fue propicia para la construcción de palacios que fuesen de tal calidad arquitectó­nica que hubiesen perdurado hasta nuestros días. Únicamente la casa real y los grandes señores, laicos y religiosos, construyeron palacios que parcialmente han llegado hasta la actualidad. Lógicamente, en origen, la arquitectura civil está estrechamente relacionada con la abundante arquitectura religiosa contemporá­nea, no sólo porque la sociedad evidenciaba los mismos gustos para ambos tipos de construcciones, sino también porque eran los mismos alarifes los que efectuaban ambos tipos de obras.

Aparte del palacio mudéjar de la Aljafería, pocos son los restos de arquitectura civil conservada de los siglos XIV y primera mi­tad del XV, pero muchos de ellos son mudéjares, al menos en las áreas de influencia de Zaragoza, Tarazona, Borja, Calatayud y Daroca. Se pueden citar los edificios siguientes: la Aljafería, la Casa del Deán, y restos de la Diputación General del Reino y Palacio Arzobispal, en Zaragoza; la Zuda, en Tarazona; Casa calle San Bartolomé, 16, en Borja; palacio Luna, en Illueca; casas en la calle Mayor, de Maluenda; Casa Luna, en Daroca; palacio de los Duques de Villahermosa, en Mozota, etc.

No aparece en todos estos edificios una tipología uniforme de la cual se puedan dar características generales; en muchas ocasiones se trata de reformas de edificios preexistentes, generalmente mu­sulmanes, como ocurre en la Aljafería, el Palacio Arzobispal de Zaragoza, la Zuda de Tarazona o el castillo de Mozota. Los ma­teriales también son diversos: piedra ocasionalmente, ladrillo pocas veces, y tapial como material constructivo más común (Maluenda, Borja, Daroca, etc.), revestido de yeso esgrafiado en «opus quadratum». La diversidad de usos y de origen de su fundación determina, así mismo, una gran variedad en la distribución espacial y tamaño. No existe una diferenciación funcional acusada, como se mani­festará, en cambio, a partir de 1450. Grandes salas cubiertas por alfarjes se suceden, a veces sin interrupción. En la Aljafería exis­ten varias lunas, en torno a las cuales se organiza el edificio. En Casa Luna de Daroca aparece únicamente una luna, asimétrica, con arquería a un lado y comunicada con el patio de entrada. En la Casa del Deán de Zaragoza, o en la casa de la calle San Bartolomé, 16, de Borja, no existe luna ni organización espacial aparente. El palacio o castillo de Mozota, a diferencia de los an­teriores, se organiza en torno a una luna que tiene más bien el aspecto de un claustro o patio de armas.
Como norma general, y concluyendo, todas estas edificaciones se caracterizan por lo siguiente: Exterior generalmente revocado, con esgrafiados de opus quadratum.. Tres plantas: baja, noble y falsa. Elementos ornamentales centrados en ventanas, puertas y lu­nas en su caso; son de destacar las yeserías de las ventanas y los dinteles de las puertas. Forjados dispuestos generalmente con alfarjes. Cabe recordar aquí el más importante palacio de este periodo: la sede de la Diputación General del Reino, levantada a principios del siglo XV en la plaza de la Seo (Zaragoza), junto a la puerta de Alcántara. Las vistas de Van der Wingaerde y Velázquez y Mazo dan idea de su magnificencia, mostrando un amplio tejado decorado con tejas vidriadas, un considerable mirador en la planta noble y un rafe muy volado. Destrozado durante la guerra de la Independencia, sus muros se esconden bajo el revestimiento del edificio eclesiástico de la plaza de la Seo, como pudo apreciarse durante las obras de restauración de la fachada norte en los años 80.


El palacio mudéjar de la Aljafería

El palacio de la Aljafería debió de despertar evidentes signos de admiración entre los reyes aragoneses, dada la magnificencia, la sofisticación y el lujo del mismo. Por ello se convirtió en resi­dencia real cuando los reyes se encontraban en Zaragoza. No obstante, y pese a la espléndida traza del palacio islámico, algu­nos monarcas aragoneses dedicaron parte de las rentas reales a acondicionar este palacio como sede real. Desde el siglo XIII al menos, el palacio fue objeto de obras de remodelación que le dieron un aspecto nuevo, pero siempre dentro del aire islámico que lo había creado. Pedro III realizó obras en la segunda mitad del siglo XIII, pero fue Pedro IV quien a mediados del siglo XIV realizó las refor­mas más importantes hasta el momento. Al lado mismo de la entrada principal mandó construir la capilla de San Martín, sin duda sobre restos de otra anterior, quizás una dependencia is­lámica, puesto que en el siglo XII ya existía esta iglesia; la iglesia de San Martín tenía tres naves, ahora reducidas a dos, con tres tramos, con lo que el espacio creado era de planta cuadrada, de salón, con bóvedas de crucería apoyadas en pilares de ladrillo.En el patio de Santa Isabel se levantaron varios arcos de ladrillo, todos ellos lobulados y de gran amplitud de luz, sin duda para completar los dos lados largos del patio que debían estar sin de­corar en época musulmana.

Los Reyes Católicos impulsaron la segunda gran reforma del pa­lacio; construyeron a fines del siglo XV un segundo piso, eleva­do sobre la zona más noble del palacio, al que se accedía me­diante una gran escalera triunfal que todavía se conserva. Este piso superior, que cercenó la parte más alta del palacio musul­mán, se divide en una serie de estancias en torno al magnífico salón del trono, de planta rectangular y con una galería que re­corre toda la zona superior de la sala; en su derredor se constru­yeron varias estancias palaciegas para habitaciones privadas de los monarcas durante su estancia en Zaragoza. En todo este com­plejo del siglo XV destaca sobremanera el salón del trono, y en él el magnífico techo, decorado con casetones y piñas sobredora­das que le dan un aspecto de lujo extraordinario.


La arquitectura mudejar civil aragonesa: Creación de una tipología palacial aragonesa

Hacia 1450 tiene su origen la arquitectura mudéjar palacial aragonesa, es decir, lo que recientemente ha dado en llamarse arquitectura civil aragonesa. Con una acusada personalidad y notablemente diferenciada de la arquitectura de los demás países occidentales (Castilla, norte de Navarra, Cataluña, Francia o Italia), perdura desde mediados del siglo XV hasta el siglo XIX, e incluso hasta la actualidad, por lo que bien puede hablarse de una arquitectura nacional aragonesa. Como elementos formales básicos que la caracterizan, se pueden citar:

  • uso del ladrillo como material básico de construcción y en ocasiones del tapial.. Composición de fachada estructurada en tres cuerpos: plantas baja, principal y falsa.
  • Predominio del macizo sobre el vano, salvo en la falsa que se abre al exterior mediante un mirador.
  • El rafe, muy volado, de madera o ladrillo, enfatiza el forma­lismo del mirador.
  • Interior estructurado en torno a una luna a la que se accede por un patio. La luna desaparece a partir del siglo XVII, sien­do sustituida por una escalera monumental, y en los grandes palacios por pabellones que abren el edificio a unos jardines creados en la parte posterior de los mismos.uez y Mazo dan idea de su magnificencia, mostrando un amplio teja­do decorado con tejas vidriadas, un considerable mirador en la planta noble y un rafe muy volado.

Zaragoza. Casa Fortea. s. XV

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