2 sept. 2009

LA ARQUITECTURA MUDÉJAR CIVIL EN EL GÓTICO TARDÍO

Tiene su inicio en el siglo XV; el documento más antiguo que atestigua su existencia en un cuadro de 1453, de Juan de Bena­varre, en el que se reproduce un palacio aragonés como fondo de la escena representada. El retablo mayor de la Seo de Zarago­za, también de mediados del XV, muestra una casa con mi­rador.
Los precedentes de sus componentes formales y estructurales (fa­chada coronada por un mirador, rafe muy volado, yeserías en las ventanas, interior estructurado en torno a una luna, alfarjes en techos, etc.) tienen en su mayor parte un origen local: los ele­mentos formales que decoran lunas, ventanas, techumbres y rafes los encontramos en edificios islámicos zagríes, y suponen una evolución de la arquitectura islámica aragonesa continuada por la arquitectura religiosa mudéjar.

El mirador
La característica que más define el carácter singular de estos edificios es la composición del cuerpo superior de la fachada, ejecutada mediante un mirador de arquetes que resuelve brillan­temente la sobriedad de los ciegos muros inferiores por un lado, y por otro la ventilación de la falsa, tan necesaria en el extrema­do clima aragonés.
Su origen se encuentra en la arquitectura islámica aragonesa, tanto en la mudéjar como en la anterior a la conquista cristiana. Arquerías, ya sean ciegas o diáfanas, pueden hallarse en el inte­rior de la Aljafería, decorando la parte superior de muros y fa­chadas: la portada de la mezquita, resuelta en su parte superior con una arquería ciega, y el extremo de una de las paredes de la sala norte, que presenta una arquería diáfana, serían ejemplos de ello; también algunos posibles alminares conservados en la Comunidad de Calatayud muestran cuerpos superiores con ar­querías que recuerdan a los miradores de arquetes.
Las iglesias-fortaleza del siglo XIV resuelven mediante arquerías el cerramiento de los corredores emplazados sobre las capillas la­terales, y lo hacen como elemento formal más que como ele­mento conceptual, ya que desde esas galerías no es posible reali­zar una defensa fácil del edificio. A principios del siglo XV puede fecharse la iglesia de Santa María de Maluenda, y anterior a ésta sería la iglesia de San Juan Bautista de Herrera de los Navarros, ambas mudéjares y con uso sistematizado del mirador como elemento compositivo formal de las mismas. Santa María de Maluenda podría considerarse como precedente directo de esta solución formal aragonesa, ya que en la obra de 1400, del arqui­tecto Musa ºAbd-al-Malik, correspondiente a los dos tramos de los pies de la misma, se aprecian las tipologías de mirador que se generalizarían en la segunda mitad del siglo XV en la arquitectura civil. En la fachada de los pies existen dos pisos de arquetes, ligeramente ojivales, y de una vuelta. En la fachada oriental se conserva otra tipología de mirador, adintelado y con huecos rasgados.


El palacio de los Torrero de Zaragoza, edificado hacia 1500, presenta ambas tipologías de mirador.Zaragoza. Casa Torrero (Colegio de Arquitectos de Aragón). 1508. A la derecha mirador de arquetes de una rosca. A la izquierda mirador adintelado.


Cronología
Desde mediados del siglo XV hasta principios del XVI, pudien­do hacerla coincidir con el decreto de conversión de los moriscos en 1526.

Estructura funcional
Consta de las plantas sótano, baja, principal y falsa; se estructu­ra en torno a la luna. Tardíamente, la planta baja crece en altu­ra, permitiendo la creación de entreplantas. El funcionamiento es el siguiente: bajo un arco de medio punto se entra a un pequeño patio y de éste a la luna, centro del edifi­cio, desde donde tienen acceso todas las estancias de la casa y la escalera. En la planta baja se emplazan las habitaciones de vera­no, capilla cuando la casa es grande, cuadras y cocheras. La planta principal, o primera, es la parte noble de la casa, con todas sus estancias accesibles desde el corredor de la luna, siendo la de mayor importancia la que se dispone a lo largo de la facha­da representativa; esta sala aparece generalmente cubierta por un alfarje. A veces, la capilla se emplaza en esta planta.La falsa, localizada a mayor altura que las casas vecinas, posee cerramiento a la calle y a veces al medianil mejor orientado, eje­cutado con un mirador de arquetes. En raras ocasiones, pervive la costumbre anterior de no existencia de mirador. La falsa, en su concepción aragonesa de planta de grandes dimensiones con cerramiento principal resuelto mediante mirador, es un gran ha­llazgo de los alarifes mudéjares, ya que consiguen aunar la fun­cionalidad de dotar a la casa de una planta destinada a granero, almacen, trastero, estancia de verano y cámara aislante, con aportar al edificio un elemento formal de primera magnitud que en toda la arquitectura occidental queda disimulado en el con­texto de la fachada, mientras que en Aragón pasa a ser el ele­mento básico de la ordenación de la misma.El sótano, que no ocupa necesariamente la misma superficie que las plantas superiores, está constituido en muchas ocasiones por los cilleros de edificios anteriores. Lógicamente, sirve como ele­mento constructivo para lograr un mejor basamento de la casa, muy necesario en ciudades de antigua fundación, como Zarago­za, cuyo terreno firme se encuentra muy profundo. Se usa como desahogo de la casa y como cillero, fresquera y despensa.


Casa del azud de Almozara. T.M. de Zaragoza. De ladrillo y tapial, se construyó en el s. XV, aunque tuvo reformas posteriores, la última en el s. XVIII cuando se enlució la fachada principal y se abrió el balcón. Situada junto al río Jalón en Alagón (Ribera Alta del Ebro), servía para el mantenimiento de la acequia de Almozara desde su nacimiento en este azud hasta su final en la ciudad de Zaragoza junto a La Aljafería. Probablemente se trata de la misma conducción de agua objeto de litigio entre Salduie (Zaragoza) y Alaun (Alagón), descrito en el BRONCE DE CONTREBIA (año 87 AC).

Construcción
En esta época pervive el uso del ladrillo agramilado a soga y ti­zón, usado desde época califal, aunque convive con construccio­nes de tapial, enlucidas y esgrafiadas en opus quadratum, es­pecialmente en la región de Calatayud, donde predomina este último tipo de edificación.Son construcciones muy sólidas, con pequeños huecos -puertas y ventanas-, sólo rotas por el mirador que cierra la falsa. En las edificaciones de ladrillo los cabeceros de las ventanas se resuelven mediante arcos rebajados, quedando preparada la fá­brica para recibir las yeserías que decoran las ventanas. El rafe es muy volado y se usa indistintamente tanto el de ladri­llo y teja como el de madera.Cuando la luna es asimétrica, aparecen brochales como solución constructiva de los voladizos interiores que asientan los corredo­res de la planta noble.Los forjados alcanzan luces de hasta 6 ó 7 m, especialmente en las salas nobles, dimensión posibilitada por su resolución me­diante alfarjes.

Zaragoza. Casa Fuenclara. s. XV (reformada en el s. XVII cuando se le añade la cúpula de la escalera y se convierten las ventanas en balcones)


Características formales
FACHADA
Ya se ha dicho que básicamente responde a dos tipos de acaba­do: ladrillo a soga y tizón alternados, o bien enlucido de yeso esgrafiado en opus quadratum.La puerta se abre mediante arco de medio punto.Las ventanas van siempre provistas de un cerco de yeso que en muchas ocasiones aparece decorado. Otras veces presentan un ar­co con mainel, con yeserías en los trasdoses.En el conjunto mirador-rafe es donde se encuentra la fuerza ex­presiva del edificio, es decir, que la ornamentación se concentra en la parte superior de la fachada, al igual que en los edificios del Magreb y del reino de Granada contemporáneos; es una so­lución formal islámica, lejana de la mesura renacentista florenti­na que compone la fachada de forma equilibrada.A diferencia de lo que ocurrirá a partir del siglo XVI, generali­zación de un solo tipo de mirador de arquetes de dos vueltas, en la tipología inicial coexisten varios tipos: arquetes de una vuelta, mirador de vanos apaisados con dintel de madera apoyado sobre zapatas y finalmente mirador adintelado, con huecos verticales a los que se les superponen yeserías que forman diversos arcos, ya sean mixtilíneos, lobulados, conopiales, etc.El rafe, cuando no es de madera, sigue la tipología anterior a base de hiladas de ladrillo a soga o en esquinillas alternadas con hiladas de tejas. Si es de madera, descansa sobre ménsulas deco­radas con motivos vegetales que arrancan de los machones del mirador, colocándose en el extremo de aquéllas una jácena que sirve a su vez de base a un segundo piso de ménsulas sobre las que apoyan pequeños y largos canetes.

INTERIOR
El formalismo del interior de la casa se concentra en la luna y las techumbres. Ocasionalmente, cabeceros de puertas decorados con yeserías completan la ornamentación interior del palacio.Inicialmente, la luna presenta una disposición asimétrica, si­guiendo el modelo de palacio de los Luna en Daroca o de Villa­hermosa en Mozota. El palacio de la calle de las Armas, 32, de Zaragoza, es claro exponente de esta tipología. Una arquería per­pendicular a la fachada, compuesta de arcos ojivales realizados con ladrillos aplantillados lucidos que apoyan sobre columnas de piedra ochavadas, comunica el patio con la luna sin solución de continuidad. Dos jácenas y un brochal de madera lucidos completan los tres lados restantes de la luna y sirven de apoyo al corredor superior, desgraciadamente perdido.A finales del siglo XV se asienta definitivamente la luna de planta cuadrada o rectangular. La planta baja se dispone con co­lumnas en los extremos, ochavadas, sobre las que apoyan jácenas de madera para sustentar las arquerías de la planta superior, las cuales están conformadas por un antepecho de obra sobre el que apoya una arquería con columnas de piedra, arcos mixtilíneos, lobulados, etc., semejantes a los del mirador de fachada. Algu­nos palacios, como las casas Torrero y Torrellas en Zaragoza, po­seen un segundo corredor en la planta de la falsa, con huecos más pequeños que los de la planta primera. Un rafe similar al de la fachada corona la luna y da paso al tejado. Los techos dejan ver las viguetas de madera, generalmente rolli­zos de madera escuadrados con doble entalladura, o bien con pieza sobrepuesta de sección lobulada. A veces estas piezas de madera están enlucidas. Las salas más nobles se cubren mediante alfarjes, que en fechas adelantadas se convierten en techumbres a mitad de camino entre el alfarje y el artesonado (Casa Torrero de Zaragoza). Los dinteles de las puertas se disponen como gran­des cabeceros que recuadran al alfiz, con yeserías decoradas con motivos vegetales. Se conservan pocos edificios públicos representativos de este pe­riodo, a diferencia de lo que ocurrirá en el siguiente. El Ayuntamiento de Puebla de Alfindén, atribuible a Abdallá Musaire, es uno de ellos; en él se expresan las características que se generali­zarán en otras casas consistoriales del siglo XVI, es decir, la crea­ción de una lonja en la planta baja con el fin de acoger el mer­cado, la ubicación de las dependencias municipales en la planta noble, y la falsa destinada a local de almacenamiento. Edificios de este periodo serían, en Zaragoza, la casa de la calle de las Armas, 32, la Casa Torrero (sede del Colegio de Arquitectos de Aragón), las casas de Lanuza, Fuenclara, Azara o la Caballería, y la desaparecida Casa de Torrellas. Fuera de Zara­goza destacan algunos palacios de Borja (la Casa de las Conchas), Ejea, Tarazona (Ayuntamiento viejo), el palacio de Nuez, nu­merosas casas de pueblos de la Comunidad de Calatayud (desta­can las yeserías de algún palacio de Morata de Jiloca), Daroca (hospital de Santo Domingo), Teruel (Casa del Deán), etc.

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