2 sept. 2009

LA PLENITUD DE LA ARQUITECTURA MUDÉJAR

La arquitectura civil de la segunda mitad del siglo XV y primeras décadas del XVI crea una tipología palaciega singular; tan singular como el propio Reino de Aragón, en el que convivían la mayoría cristiana y las minorías judía y mudéjar en un aceptable entendimiento que se rompió primero en 1492 y después en 1610.
La muerte de Fernando II el Católico cambió decisivamente la situación de Aragón, puesto que desde Carlos V, los monarcas his­panos estarán desconectados de la realidad aragonesa, que en numerosas ocasiones actuarán de forma contraria a los intereses del Reino. Pese a todo, el siglo XVI es de una notable expansión económi­ca que en el campo de la arquitectura se traducirá en la cons­ttucción de numerosas iglesias y casas palaciegas, con el traslado de la nobleza a las ciudades y la consiguiente construcción de palacios para su residencia.
Elementos arquitectónicos formales, como el remate exterior en muador y rafe volado y el interior estructurado en torno a una luna o patio, se asientan definitivamente y se extienden a la práctica totalidad de los edificios civiles que se construyen en las regiones que vieron desarrollarse este tipo de arquitectura en la centuria anterior. El mirador de arquetes con doble rosca, a diferencia del mirador anterior de una sola rosca o de arcos con yeserías, se impone en la práctica totalidad de los edificios civiles y en un elevado nú­mero de los religiosos; iglesias góticas o mudéjares de piedra o ladrillo rematan su fábrica ahora con una galería o mirador de arquetes; a los campanarios se les añade un cuerpo o dos más, con el mismo elemento formal que el mirador, pero adaptado a la función de cuerpo de campanas con su especial configuración.Aragón se encuentra en pleno siglo XVI volcado en una intensa actividad constructora; las ciudades, las villas e incluso los pue­blos más pequeños ven levantarse palacios y casas palaciegas en un mismo estilo y con una estructura muy similar. Se crean nue­vas calles y nuevos barrios jalonados de magníficos edificios, co­mo en Borja, Calatayud, Tarazona, Daroca, Fonz, Burbáguena, Calamocha, Híjar, Ejea, etc. Numerosos edificios públicos se incorporan a este nuevo estilo, tanto en Zaragoza, como el desaparecido palacio de la Diputa­ción del Reino (s. XV) o la Lonja, como en las demás ciudades y villas, entre las que destacan las casas consistoriales de Borja, To­rrijo de la Cañada, Huesca, Pina (oculto el edificio histórico tras una desafortunada acción municipal en la restauración), o los hospitales, lonjas, conventos y casas varias que se encuentran por todo Aragón.
Zaragoza. Casa de los arciprestes de San Salvador (actual sede de El Justicia de Aragón)
LA ARQUITECTURA CIVIL MUDÉJAR EN EL RENACIMIENTO
Cronología
La cronología de este periodo podría establecerse haciendo coincidi­r su inicio con la fecha en que los musulmanes son obligados a convertirse al cristianismo, en 1526, y su final con 1610, año en que fueron expulsados.Estructura funcionalLa luna, en este periodo, consolida su función de elemento básico organizativo, ordenador del espacio interior; amplía conside­rabIemente sus dimensiones en el caso de grandes mansiones.El exterior, así mismo, mantiene la anterior estructuración en tres plantas, presentando la baja con entreplanta, y la última, la falsa, con cerramiento exterior mediante un mirador de arquetes doblados, sobre el que se dispone un rafe, aunque no tan volado como en el anterior periodo.Un nuevo elemento aparece en el siglo XVI, en los palacios que disponen de jardín; es un pórtico y una terraza, en la fachada lateral o posterior, que permite disfrutar de la naturaleza a sus propietarios. Elemento totalmente renacentista, proveniente de los estados italianos pertenecientes a la Corona de Aragón, se plasma mediante elementos renacentistas, es decir, pórticos so­portados por columnas clásicas. Estos pórticos, salvo en palacios rurales, han sido transformados mediante cerramientos, por lo que es difícil su apreciación, no obstante lo cual perdura, entre otros, en los palacios de Sástago y Argensola en Zaragoza y en el de la calle Visconti, 19, en Tarazona.
Construcción
El ladrillo aparejado a soga y tizón alternativamente, igual que en periodos anteriores, se impone como material constructivo ante los demás materiales, no obstante lo cual, en la Comuni­dad de Calatayud se sigue usando el tapial indistintamente con el ladrillo. En ciertos palacios, especialmente en los de la alta nobleza, la planta baja aparece construida con piedra de sillería, y el resto del edificio con ladrillo, como son los casos del palacio de Morata-Luna en Zaragoza, el del Obispo (actual Ayuntamiento) en Fonz, o Monterde (Comunidad de Daroca).En fachada desaparece el arco de descarga como elemento cons­tructivo, siendo sustituido por cabeceros de madera lucidos en las casas populares y por arco plano en las demás.El interior de la casa se construye de forma más racional que en el periodo anterior, siendo raras algunas soluciones estructurales, tales como los brochales, muy comunes anteriormente. La escalera, concebida como elemento importante de la casa, pa­sa a ocupar un lugar preeminente, inmediato a la luna, y se em­plaza entre sólidos muros de carga.En lo demás, no existen variaciones apreciables en comparación con el periodo anterior.
Características formales
FACHADAS
Se asienta definitivamente la tipología aragonesa creada cien años antes, consistente en una fachada predominantemente ciega en los dos cuerpos inferiores y abierta mediante el mirador en el cuerpo superior.La fachada se estructura en dos o tres cuerpos –según se diferencien o no las plantas baja y primera- separados por impostas. Algunos edificios, propiedad de la alta nobleza o de los municipios, introducen una portada decorada en el acceso prin­cipal, ejecutada según los cánones de la arquitectura clásica. Las ventanas de la planta noble tienen sus jambas decoradas con yeserías platerescas en algunos palacios, como Casa Morlanes de Zaragoza o varios palacios de Tudela (Navarra). En los demás ca­sos, las jambas aparecen enlucidas con yeso, siendo raras las oca­siones en las que el ladrillo llega hasta la carpintería, que sigue estando partida como en el periodo anterior. Pero el peso de la decoración en fachada, al igual que en el mu­déjar inicial, lo lleva la parte superior de la misma. El mirador de arquetes adquiere aún más preponderancia que anteriormen­te, incorporando nuevos elementos formales que le confieren una mayor fuerza expresiva. Una imposta de ladrillo aplantilla­do lo separa del resto de la fachada. Además de ésta, aparecen una o dos impostas más: la primera, que a veces se suprime, re­corre la línea de los antepechos, y la otra, más alta, sigue la lí­nea de arranque de los arcos.Los arquetes o vanos, siempre de doble rosca, llevan antepecho de obra, en ocasiones horadado por un óculo. Raras veces, el an­tepecho es sustituido por una barandilla, como era el caso del Ayuntamiento de Borja antes de su restauración. Como aislados pueden citarse los casos del Ayuntamiento de Huesca y el palacio de Sástago de Zaragoza, edificios en los que se sustituyen los arquetes por una arquería plana de piedra de corte clasicista. La impronta mudéjar se resalta en algunos edificios mediante frisos o paños decorados con dientes de sierra u otros motivos mudéjares, emplazados en los paños ciegos próximos a la arque­ría. Son de destacar los casos del palacio de Morara/Luna en Za­ragoza o las casas consistoriales de Alcañiz y Torrijo de la Caña­da (Comunidad de Calatayud), El rafe no sufre variación cuando es de obra, pero, en cambio, experimenta una profunda transformación cuando es de madera. Se adoptan las tipologías italianas, con canetes en forma de vo­luta y fondos decorados con pinjantes o motivos florales. En la periferia estos rafes pueden adoptar formas próximas a los del periodo anterior en cuanto al doble vuelo, como algunos casos aislados en Borja, o de forma más común en el Maestrazgo y Ba­jo Aragón. En ocasiones, debajo del rafe se crea un friso decorado, de ma­dera o bien de azulejos.

Zaragoza. Luna. Casa Pardo (museo Camón Aznar)
INTERIOR
La luna mantiene el protagonismo como elemento ordenador del interio del edificio, por lo que concentra en ella la mayor ri­queza decorativa del mismo. Normalmente es de corte clásico con columnas toscanas y arcos decorados con yeserías en su intra­dós, variando enormemente su tamaño en función de la riqueza de la casa. De carácter excepcional es la riqueza decorativa de la luna en los palacios de la alta nobleza. El palacio de Morara/Lu­na de Zaragoza crea una soberbia pieza clásica, con vanos adin­telados y una decoración sobria. En el palacio de Sástago, en Za­ragoza, recientemente restaurado, se aprecia una mayor riqueza decorativa, con las columnas de la planta baja estriadas y anilla­das, que soportan dinteles planos decorados con yeserías que dan paso a la segunda planta, cerrada con alquería que descansa sobre columnas toscanas. La luna de la casa de la Infanta, en cambio, está concebida con decoración plateresca, extremada­mente rica. La falsa se abre a la luna, en un plano más interior, con el mismo tipo de mirador que da a la calle, pero siempre co­ronado con un rafe de obra, a diferencia del de la calle. El patio adquiere una mayor importancia que en el periodo an­terior, al igual que la escalera, la cual accede al corredor superior a través de una o dos arquerías semejantes a las de la luna. Las estancias nobles de la casa, lo mismo que la escalera, se cu­bren en las grandes mansiones con techumbres mudéjares, gene­ralmente artesonados, haciéndose raros los alfarjes.Los forjados no decorados con techumbres mantienen las mismas tipologías anteriores, con fustas de doble entalladura, o bien con decoración sobrepuesta trilobulada. Las puertas o vanos, decorados con yeserías, abandonan las formas plenamente mudéjares, adoptando otras más próximas al plateresco.Los edificios de este periodo, aún conservando una apreciable unidad en cuanto al aspecto exterior, diversifican su estructura en función de su uso. Por ello, pueden clasificarse en los siguientes grandes grupos:
· Palacios urbanos de la alta nobleza.
· Palacios rurales de la alta nobleza y clero.
· Casas solariegas.· Arquitectura civil pública; casas consistoriales.
Zaragoza. Casa Don Lope, actual Real Maestranza
Palacios urbanos de la alta nobleza
En el siglo XVI tiene lugar un fenómeno que originará una gran repercusión en la transformación de las ciudades, especialmente Zaragoza: el traslado de la nobleza del campo a la ciudad, con la consiguiente construcción de sus respectivos palacios. Estos se ubicaron distribuidos por toda la ciudad, pero con una mayor incidencia en el Coso Alto, calle San Jorge y entorno de la Seo. Tal cantidad de palacios se levantaron, y de tal opulencia, que los viajeros de la época se hacían eco de su riqueza, llegando a denominar a la ciudad Zaragoza la Harta.El primer palacio que se construyó, en 1534, fue Casa Coloma, en el Coso, transformado en 1913 en el actual Casino Mercantil. Sus magníficos artesonados mudéjares, que decoraban su planta noble, se conservan en la actualidad en su estado original en la planta primera del casino. Por desgracia, la techumbre de su es­calera se ha perdido. La Casa de Donlope, actual sede de la Real Maestranza, se construyó según modelo de Casa Coloma, como consta en el contrato de construcción.
Zaragoza. Palacio de Luna/Morata
Los palacios de los condes de Morata/Luna y condes de Sástago, ambos en el Coso, junto con la Casa Zaporta/Casa de la Infanta (ésta exteriormente aún clasificable en el periodo anterior) com­pletarían la relación de palacios de la alta nobleza en Zaragoza.En otras ciudades son difíciles de hallar estos palacios. Pueden destacarse el palacio de Eguaras en Tarazona (si bien exterior­mente, de tapial, no guarda relación con los de Zaragoza) y sobre todo los palacios de la nobleza de la ciudad navarra de Tudela.
Palacios rurales de la alta nobleza y clero
Pese al traslado de la nobleza a las ciudades, en especial a la ca­pital del reino, el medio rural conserva las antiguas residencias de los señores feudales, modificándolas y ampliándolas según el nuevo gusto de la época. El castillo-palacio de los Luna en Illue­ca, que Benedicto XIII levantara en su mayor parte a principios del siglo XV, es ampliado y dotado de un mirador que recorre toda la fachada.Los duques de Villahermosa modifican y amplían su soberbio palacio en el centro de Pedrola con un extenso jardín que toda­vía se conserva en la actualidad.Un caso significativo que ilustra esta tipología de edificación es el palacio de Ambel (Campo de Borja), sede de la Encomienda de los Hospitalarios de San Juan. Si bien el edificio es una suce­sión de construcciones desde la Edad Media al siglo XVII, la ma­yor parte del mismo está construido durante el siglo XVI, en es­pecial en lo concerniente a su integración con la trama viaria de Ambel.De grandes dimensiones, se estructura -igual que todos los pa­lacios de la época- en torno a una amplia luna, con aspecto de claustro y exenta de todo tipo de decoración. Próxima al patio de entrada se encuentra la iglesia mudéjar del siglo XIV, que es­tá totalmente envuelta por las edificaciones del palacio. La incorporación del palacio-convento a la población tiene lugar en el siglo XVI, mediante la construcción de una lonja entre dos torreones extremos situados en un lateral de la iglesia. En planta baja consta de tres vanos que se corresponden con tres tramos de la iglesia. En la planta intermedia se dobla el número de vanos, que pasa a ser de seis, resueltos igual que en la planta baja, con arcos carpaneles. La planta superior es un mirador de arquetes, con doce vanos. Esta tipología constructiva es común en la arquitectura pública aragonesa de la época, y guarda una cierta relación con edificios públicos italianos, como el palacio de la Razón de Padua (Veneto).A esta fachada se le articularon posteriormente otras construccio­nes para diversos usos del edificio, entre ellas el acceso principal y la casa abadial. El resto de dependencias responde a un esque­ma funcional muy complicado, con numerosas salas comunica­das entre sí, además de con los corredores que existen alrededor de la luna y encima del patio. Al oeste, ya en el siglo XVII, se construyó una terraza cubierta, orientada hacia el jardín, si­guiendo el modelo de los grandes palacios del siglo XVI. Además de los mencionados, pueden citarse el palacio de Frésca­no (Ribera Alta del Ebro), Cetina (Alto Jalón) y el palacio de los Duques de Villahermosa en Torres de Berrellén, hoy muy trans­formado.Borja. calle S. Francisco
Casas solariegas. Conjuntos urbanos
Siguiendo el ejemplo de la alta nobleza, la baja nobleza y la burguesía construye sus casas según la tipología ya explicada, cambiando por completo la fisonomíaa de las ciudades aragone­sas, que renuevan o amplían sus cascos urbanos con casas de la­drillo o tapial., todas ellas rematadas por el mirador de arquetes.Si exteriormente existe una gran uniformidad en la casa mudéjar del siglo XVI, el interior varía en función de la posición social del propietario, ya que sólo las casas solariegas poseen luna, mientras que las pertenecientes a estratos sociales más bajos pre­sentan una disposición interior más convencional, con ausencia de luna. Salvo el área geográfica de Calatayud y puntualmente la de Zaragoza, en las que abundan las casas de tapial con esgra­fiado exterior, el ladrillo es el material predominante de todas estas construcciones.En esta época se da el fenómeno de la aparición de conjuntos urbanos dominados por esta tipología edificatoria.
Zaragoza, destrozado su casco histórico durante los siglos XIX y XX, debió poseer barrios completos dominados por casas mudé­jares, a juzgar por las litografías, las fotos antiguas y los archivos históricos en los que se refleja la transformación de casas mudé­jares en edificios de viviendas. No obstante, en el Rabal, modes­to barrio zaragozano, aún se puede apreciar la preponderancia de estas construcciones. Fonz, en el somontano de Sobrarbe, conserva una amplia calle curva, posible antiguo trazado de su primer recinto fortificado, totalmente bordeada de casas mudéjares de ladrillo, presididas por el palacio del Obispo de Roda/Lérida, hoy Casa de la Villa. Alquézar, también en el somontano, posee un notable conjunto en su plaza Mayor. Ejea, en las Cinco Villas, tiene forma alargada, y su calle cen­tral, la de Mediavilla, está jalonada de edificios mudéjares. Borja presenta tres núcleos; de éstos, el más antiguo el de la pla­za del Mercado, al que siguió la calle de San Francisco, y el Campo del Toro, este último prácticamente destruido y conver­tido en la actual plaza de España. Calatayud, ciudad que compite con Zaragoza en la destrucción de sus monumentos, conserva en su recinto histórico una gran cantidad de casas, muchas de ellas de tapial y revoco con esgra­fiados.
Paniza (Campo de Cariñena). Arquitectura civil mudéjar junto a la iglesia mudéjar, cuya fachada dispone de elementos habituales de la arquitectura civil, especialmente los miradores.

Paniza, en el Campo de Cariñena, tiene el centro de la pobla­ción edificado en el siglo XVI con casas mudéjares, presidido en la plaza por el soberbio templo parroquial, con larga fachada a la misma, compuesta con dos muros rematados por sendos mira­dores de arquetes, expresando la estrecha relación entre la arqui­tectura civil y la religiosa de la época.Daroca posee arquitectura mudéjar por todo el casco, pero en es­pecial a lo largo de la calle Mayor, con la particularidad de sus fachadas voladas. En el valle medio de Jiloca existen varios pueblos con estos con­juntos de arquitectura civil, entre los que destacan Báguena, Burbáguena y Calamocha.En el Bajo Aragón también existen varios núcleos de población que cuentan con conjuntos urbanos mudéjares notables, como Híjar y La Fresneda; más cerca de Zaragoza, la calle Mayor de Pina, el centro de Villamayor y las ruinas de Belchite dan idea de la extensión y popularidad que alcanzó la arquitectura mudé­jar civil aragonesa a partir del siglo XVI.Fuera de Aragón, la Ribera de Navarra, estrechamente ligada en el orden cultural a Aragón, también incorpora estas tipologías, destacando los conjuntos de su capital, la ciudad de Tudela, y las villas de Villafranca, Corella, Cintruénigo, Cascante y Argue­das.Torrijo de la Cañada (Comunidad de Calatayud). Casa de la villa. s.XVI
Casas consistoriales
La arquitectura mudéjar, que inicialmente sólo abarcaba la ar­quitectura religiosa y más tarde se extiende a la arquitectura civil privada, durante el siglo XVI alcanza también al resto de las construcciones de la época, en especial a la arquitectura civil pú­blica, tanto sean ayuntamientos como hospitales, lonjas, edifi­cios administrativos, etc., además de conventos y monasterios, en sus edificaciones no destinadas al culto.Los municipios, que hasta entonces habían tenido su sede en ca­sas comunes, deciden construir una nueva sede acorde con sus necesidades y que proyecte hacia el exterior la importancia de su función. Para ello se crea una tipología que resuelva esas necesi­dades; por un lado, se crea en planta baja un espacio porticado que sirva de mercado cubierto, que puede limitarse a un sencillo porche en pequeños pueblos, o bien puede ocupar la totalidad de la planta baja en poblaciones que tienen mercado comarcal.En la planta noble se construye un gran salón que sirve para todos los usos de la vida del municipio, tanto para reunirse el consistorio como para las reuniones locales. La falsa, por fin, se cierra mediante un mirador de arquetes.En el exterior se crea una nueva estética, quizás fruto de la unión de las tradiciones mudéjares aragonesas con la influencia cultural proveniente de Italia, a través de la disposición de sus edificios públicos, como el ya citado palacio de la Razón de Pa­dua (Venero), o la renacentista Lonja de Vicenza, también en el Veneto.La nueva estructura de las fachadas de los ayuntamientos, igual que en el palacio de Ambel, se conforma mediante tres cuerpos que se corresponden con sus tres plantas; el inferior, una arque­ría de grandes vanos; el intermedio, una segunda arquería con doble número de vanos que la anterior, y, finalmente, el mira­dor con doble número de vanos que la planta intermedia, y cuatro veces, por tanto, que la baja. Tabuenca, Torrijo de la Caña­da o Berdejo responden a este esquema. Pero anteriormente a estas casas consistoriales, se había iniciado la construcción de otras con tipologías que correspondían a la arquitectura civil pri­mitiva, con miradores de arquetes de una rosca, como el Ayun­tamiento Viejo de Tarazona, o de arcos conopiales, como el de Puebla de Alfindén.Por otra parte, las ciudades aragonesas construyeron nuevos ayun­tamientos respondiendo a tipologías más próximas a la arquitec­tura civil privada. Tarazona construyó un nuevo Ayuntamiento que sirviese también de lonja. Perdido su mirador y tabicado su porche tras una desafortunada restauración que incluyó su mira­dor copiado del claustro de Veruela, sólo queda de su estado original el magnífico relieve que ocupa una gran parte de su fachada, precisamente el único elemento no mudéjar de la misma, así como parte de la lonja de la planta baja.Borja y Huesca también construyen sus ayuntamientos en el si­glo XVI, el segundo con un cierto parecido al palacio de Sástago de Zaragoza. Alcañiz construye un nuevo Ayuntamiento con dos fachadas, la principal que da a la plaza, es de piedra, renacentista, mientras que la fachada lateral, de ladrillo, es totalmente mudéjar con frisos de esquinillas y otros tipos de lacerías. Cariñena incorpora una tipología original, con la edificación principal retranqueada y una lonja en su parte anterior, sobre la que se edificó una galería cubierta, cerrada al exterior mediante una arquería. Calatayud también construye su Ayuntamiento coronado por un mirador del cual hay constancia escrita, aunque en la actualidad no puede contemplarse por estar oculto, ya que última restauración no sólo no se descubrió, sino que se trató de ocultar los restos de su lonja en la planta baja.Zaragoza. LonjaOtros edificios públicos

Ya se ha dicho que el primer edificio público que se construye en estilo mudéjar es la sede de la Diputación General del Reino. La expansión económica del siglo XVI impulsó la construcción de lonjas de contratación, siguiendo el ejemplo de otros países de la Corona de Aragón. La Lonja de Zaragoza, primera que se construye en Aragón, es en todo común a los tem­plos de planta salón que se levantan contemporáneamente en el país. De ladrillo agramilado, el exterior se compone de cuatro cuerpos, los tres inferiores que corresponden al salón interior, y el superior que corresponde a la falsa. Los huecos inferiores, de triple rosca con alfiz, dan paso a una gran cornisa sobre la que se apoyan las ventanas que iluminan el interior. El clásico mirador de arquetes se convierte, en la Lonja de Zaragoza, en una sucesión de huecos geminados, con las mis­mas impostas que los arquetes tradicionales y con figuras en los antepechos que sustituyen a los óculos. Tras un rafe de madera, el edificio se remata con cuatro torretas semejantes a las de las torres mudéjares que pasan de planta cuadrada a octogonal. El interior es un salón cubierto con bóveda de crucería y apeado mediante columnas jónicas anilladas. Los muros de cerramiento, esgrafiados, van recorridos en su parte superior por un friso rotu­lado, sobre el que apoyan las ventanas, enmarcadas, con jambas con yeserías. El acceso a la falsa, hoy perdido, se efectuaba mediante una es­calera de caracol adosada al exterior de la fachada norte. El actual Ayuntamiento de Tarazona también fue concebido co­mo lonja de la ciudad, y así figura en el contrato de construc­ción. No obstante, se edificó para albergar también la Casa Con­sistorial. Lo normal era construir una lonja abierta en la planta baja de las casas consistoriales, como las ya comentadas al hablar de los ayuntamientos, a las que se les podría añadir las de Ricla, Ibdes, Mara, La Almolda, El Frasno, Acered, Pina, etc., este último muy transformado tras su desafortunada reforma. A diferencia de las casas consistoriales, apenas se han conservado hospitales. Éstos tendrían, en líneas generales, la misma confi­guración que las casas solariegas, como es el caso del hospital Sancti Spiritus de Borja. El hospital de Santo Domingo de Da­roca se edificó en el siglo XVI reformando un edificio anterior. El hospital de Nuestra Señora de Gracia, de Zaragoza (derribado en el siglo XIX), aunque creado en el siglo XIV, tendría la ma­yor parte de su fábrica levantada en el siglo XVI. Su nombre lo ha heredado el antiguo Hospital de Convalecientes, del que re­cientemente se han recuperado salas del siglo XVI, sostenidas por las clásicas columnas aragonesas anilladas. Otros edificios públicos del siglo XVI construidos con la tipolo­gía mudéjar, podrían ser las casas de los azudes de Almozara en Alagón o del canal Imperial en Fontellas (Navarra). También se construyen conventos, con soluciones tan originales como el de la Concepción de Épila, cuya fachada acusa las dos vertientes del tejado. Posee dos portadas gemelas, ya manieristas, sobre las que se sitúa un escudo imperial. Se remata mediante un curioso doble mirador de arquetes, el superior más corto, acompañando al tejado, con todos sus huecos cerrados con celosías de yeso.
SISTEMAS ORNAMENTALES
Las techumbres de la Casa Coloma de Zaragoza (1530) pueden considerarse como las más antiguas de este periodo. Este palacio, prototipo de los construidos en el siglo XVI, fue profundamente transformado en 1913 para convertirlo en el Casino Mercantil e Industrial, no obstante lo cual se conservan los artesonados de su planta noble y patio, habiéndose perdido el resto, si lo tuvo. Se abandonan definitivamente los alfarjes como sistema constructi­vo y decorativo de forjados, adoptándose los artesonados, techos planos con concavidades en forma de artesas, de donde recibe el nombre. El origen mudéjar de estos techos se manifiesta inequí­vocamente por su trazado geométrico, basado en la estrella de ocho puntas en la sala del Coso y por la pervivencia de la mol­duración de la madera en rollos.La Casa Donlope sigue en su decoración a Casa Coloma, desta­cando la magnífica cubierta cúpula de madera en su escalera. Esta última tipología se traslada al exterior en el caso del tejaroz de Santa María de Calatayud.Los rafes mantienen el carácter de épocas anteriores, reservándo­se a la fachada principal los de madera, realizándose los demás con material cerámico. Los de madera abandonan su anterior morfología para adoptar una nueva importada de Italia, cuyos canetes son volutas clásicas, mientras que los fondos se decoran con motivos vegetales o geométricos que pueden mantener un aire mudéjar.En lugares apartados de Zaragoza, como Borja o el Maestrazgo, se mantiene la tradición del rafe de doble vuelo del siglo XV, introduciendo las nuevas formas clásicas de las volutas sustitu­yendo a las jácenas anteriores.
LA DECORACIÓN EXTERIOR
Durante este periodo se consigue unificar la ornamentación exte­rior de la arquitectura religiosa con la civil, principalmente gra­cias a la introducción del mirador de arquetes de doble rosca, no sólo en la coronación de iglesias y palacios, sino incluso en la or­namentación de huecos en los campanarios.La ornamentación exterior de ladrillo, que aparece con cierta fre­cuencia en paramentos exteriores -especialmente ábsides- y siempre en las torres, posee un repertorio muy reducido, que se limita muchas veces a una decoración de rombos y frisos de es­quinillas o de cerámica vidriada. Las arquerías de doble rosca ba­jo arco de medio punto, ya sean diáfanas o ciegas, completan la decoración. La fachada de la iglesia de Paniza, en la que se combinan lace­rías de rombos con frisos de esquinillas, arquerías y portada con frontón clásico, sería buen exponente de ello.Los campanarios poseen unos rasgos muy definidos que permi­ten una perfecta cronología de los mismos en contraposición con campanarios y alminares anteriores. La tipología más extendida es la de torre de planta mixta, con cuerpo inferior cuadrado y superior octogonal, éste con pilastras planas adosadas en sus extremos. El chapitel aparece recubierto de cerámica vidriada de colores blanco, amarillo, verde, azul y morado. Las torres de planta cuadrada, como Santa María de Maluenda o la Seo de Tarazona, poseen el mismo tipo de decoración.La ornamentación exterior de ladrillo también se aprecia en los edificios civiles, aunque se limite únicamente a frisos de esquini­llas, como es el caso de los palacios de Morata/Luna o Donlope en Zaragoza. Ornamentación más profusa de rombos y esquinillas aparece en edificios públicos, como los ayuntamientos de Torrijo de la Ca­ñada y Alcañiz.
LA DECORACIÓN INTERIOR
Los revestimientos interiores también son comunes en los edifi­cios religiosos y civiles. Sea cual fuere el material de construc­ción, éste se reviste de yeso, tratándose en la parte inferior de los muros de yeso negro y en el resto de yeso blanco. En ambos ca­sos se marca un dibujo con punzón esgrafiado en «opus quadra­tum», resaltado en la parte superior del yeso con otras bandas que imitan cornisas. El esgrafiado sobre yeso blanco (que en rea­lidad resulta ser de color gris claro) se pinta de color blanco, y el del yeso negro (en realidad color gris oscuro) se pinta en color negro. Se tiene constancia que en ciertos edificios se modificaba esta disposición genérica para ser sustituida por otros colores, como en el palacio de Sástago de Zaragoza, pintado de color cal­dero en su estado original y así restaurado en la actualidad. En la zona más noble de templos y palacios, presbiterio y patio-luna-escalera respectivamente, las paredes se enriquecían con un arrimadero de cerámica de Muel y de otros alfares, con la que también se pavimentaban ciertas zonas nobles.

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